“En principio cualquier roedor puede ser huésped del hantavirus, lo que no significa que todos los roedores transmitan la enfermedad. El huésped natural es el ratón silvestre, el que habita en las zonas rurales o periurbanas, pero eso no quita que todos los roedores sean potencialmente portadores de la enfermedad”, explica el veterinario Pablo Aon, uno de los profesionales que trabajan en la Reserva Experimental de Horco Molle (UNT). Inmediatamente pone paños fríos a esa afirmación: “esto no tiene que ser una alarma ni desatar una psicosis, todo lo contrario. El pánico no ayuda con ninguna enfermedad. Lo importante es tomar los recaudos para tener el menor contacto posible con los roedores y ser cuidadoso con la higiene, pero no solo por el hanta, sino por otras enfermedades todavía más frecuentes de los roedores, como es la leptospirosis”, sostiene.

Además de esa definición, Aon remarca la importancia de contar con estudios epidemiológicos de esta enfermedad prácticamente desconocida en Tucumán. “Es necesario contar con investigaciones locales que expliquen cuáles son los factores que predisponen la aparición de brotes de hantavirus. Los factores determinantes están: hay ratones silvestres (colilargos) y ahora tenemos presencia de virus, porque dos personas fallecieron”, analiza el veterinario. Esos estudios son los que espera la Provincia una vez que se instale un equipo de Epidemiología de la Nación.

Dónde están

El hantavirus es una zoonosis transmitida por la saliva, la orina y la materia fecal de los roedores herbívoros silvestres. Estas secreciones se secan, se volatilizan e ingresan al organismo de los humanos a través de las mucosas. No se reportan contagios humano-humano ni tampoco de los roedores a otros animales. “Si se tiene en cuenta que los roedores orinan y defecan en el mismo lugar donde comen, entonces en los lugares donde pueda haber comida para ellos es donde más precauciones debemos tener. Los establos y galpones donde se almacenan alimentos para animales, por ejemplo, son sitios especialmente aptos para el roedor. También, como forma de prevención doméstica, no hay que dejar alimentos para las mascotas durante la noche, que es el horario en el que andan los roedores”, aconseja.

En el caso de encontrar ratones, sean o no los colilargos, Aon recomienda no matarlos con un golpe (de escoba por ejemplo) porque puede dispersarse sus contaminantes si es que los tienen. Lo ideal es hacerlo con veneno y manipularlo con mucho cuidado.

Resumiendo, el veterinario sostiene que no hay que entrar en pánico, pero tampoco bajar la guardia. No solo por el hantavirus, sino por las varias enfermedades que pueden acarrear los roedores silvestres o las lauchas comunes que se suelen ver en las casas. Debido a la expansión de las zonas urbanas hacia las rurales, en los ámbitos periurbanos no sería imposible encontrar un colilargo, lo que no implica, al menos a priori, que esté infectado de hanta. “De hecho, una población muy pequeña de esos roedores suele portar la enfermedad”, concluye.


"Overá Pozo es un foco infeccioso"

En el predio de Overa Pozo ingresan más de 800 toneladas de residuos por día. El 1 de octubre de 2010 comenzó a operar la nueva planta de disposición final de los desechos del Gran San Miguel. Aquella vez, un grupo de vecinos de Los Ralos organizó una protesta para impedirlo. La tensión duró más de dos horas, hubo incidentes, pero igual los camiones pudieran entrar.

Ahora, a partir de las dos muertes (confirmadas) por hantavirus, el miércoles, en una charla pública con médicos del Siprosa surgió el interrogante sobre el predio de los desechos en Overa Pozo. ¿Es un foco infeccioso? fue uno de los interrogantes que planteó el productor agropecuario Miguel Blasco y se encendió una luz de alerta.

Ayer, en la redacción de LA GACETA, Fernando Vidal, productor de la zona, y sus abogados Oscar López y Raúl Moreno, recordaron que habían intentado en 2010 impedir el funcionamiento de Overa Pozo por medio de un amparo colectivo en la justicia federal.

Menos calidad de vida

“Tuvieron que pasar seis años para que la realidad nos termine dando la razón. El predio de Overo Pozo es un foco infeccioso y hoy lo vemos con los casos de hantavirus que aparecieron en Tucumán”, dijo Vidal, un productor agropecuario vecino de la zona donde se hace el depósito de los residuos sólidos urbanos del Gran San Miguel.

Vidal recordó que hace seis años había advertido sobre las consecuencias que empezaron a salir a flote ahora. “No queremos bombas ecológicas en los patios de nuestras casas, ni en zonas cercanas a nuestros campos”, dijo.

“Nos arruinan la calidad de vida, perjudican la continuidad de ensayos y adelantos tecnológicos en el campo de muestreo de la Estación Experimental y nos contaminan las aguas subterráneas que son de muy buena calidad física y química -precisó-. Hoy hay tres montañas de basura”, insistió.

López, por su parte, definió el predio de Overa Pozo como un restorán gigante para los ratones, que son los portadores del hantavirus. Moreno, en tanto, recordó que el Gobierno prometía el tratamiento de los residuos, pero ni siquiera hubo un estudio de medio ambiente.