Al mirar hacia arriba, kilómetros a la redonda sólo se ven nubes negras, cargadas de agua. Todo el paisaje es señal de que el clima no tiene piedad en el sur tucumano. Transitar por la ruta 65 es complicado. El asfalto mojado se convierte en una patineta peligrosa para desprevenidos. La lluvia cae intermitente. A los costados del camino, barro.

Los sembradíos parecen lagunas en Alpachiri. La lluvia comenzó el lunes a la mañana, pero la peor parte cayó entre la madrugada y la tarde de ayer. Con el correr de las horas, el horizonte es cada vez más oscuro. Por la lluvia, la visibilidad disminuye. A lo lejos, los árboles parecen fantasmas.

Recorrer los 16 kilómetros desde Concepción hasta Alpachiri es mirar agua hacia los cuatro puntos cardinales. El acceso a la localidad de Iltico está cubierto de barro. A lo lejos se puede ver un campo de fútbol que más parece una pileta que una cancha. Sobre el asfalto, los pocos automovilistas que se animan a salir bajo el agua transitan despacio, casi pisando la línea amarilla del medio para no perder la calzada.

En el trayecto sólo se ven maquinarias agrícolas estacionadas sobre el lodo, inmóviles y mojándose. Los caballos no se mueven por nada del mundo. Parecen congelados. Resignados.

Al llegar al puente sobre el río Chirimayo, en Alpachiri, el camino se corta. El personal de Vialidad arrojó ripio y piedras sobre la ruta para impedir el avance de los vehículos. El puente está endeble y parece a punto de caerse.

Por debajo de esa mole de cemento, el agua turbia baja con un rugido estremecedor. Algunos lugareños llegan presurosos para curiosear. Los malos recuerdos copan la memoria.

Todos rememoran la fatídica noche del 30 de diciembre de 1997. Aquella vez, en Alpachiri pasaron el peor fin de año de sus vidas. Elina Reinoso, 35 años, madre de cuatro chicos, está de pie en el asfalto, bajo la lluvia, mirando el río que crece en su caudal y provoca miedo. En la inundación de 1997, a las 23 ocurrió lo peor. La crecida desbordó hacia el pueblo. Todo estaba oscuro y seguía lloviendo. Aquella vez los vecinos fueron evacuados a la Escuela 98 de Alpachiri. “Estaba en un aula con mi hijo en brazos y desde ahí se podía ver cómo el agua me llevaba todas las cosas, la casa incluida”, apunta.

Ahora de pie, cerca del puente, mira con resignación hacia la montaña. “Eso ha sido muy feo. La lluvia seguía cayendo hasta que se ha hecho de día. Prefiero no acordarme de eso”, afirma.

En aquel diciembre del 97, ante la amenaza de que la inundación llegaría a la única escuela de Alpachiri, los damnificados fueron llevados a la iglesia.

Este nuevo año no ha empezado mejor para los sureños.

Yanina Pedrozo, vecina, llega con la preocupación marcada en el rostro. “Aquí, la gente escucha los truenos, y en un rato ya empieza a llover, y ahí ya no duerme nadie”, explica, con el gesto desencajado por tanta lluvia.



Sin fecha

La principal consecuencia de los 150 milímetros que diluviaron en la alta montaña es la interrupción del tránsito a Las Estancias.

Jorge Correa, jefe del distrito local de Vialidad Nacional, afirma que el puente sobre el Chirimayo no está dañado, sino que está erosionado el acceso este. Calculó que rehabilitar el paso en el kilómetro 18 de la ruta 65 demandará tres días de trabajo.

Pero, además, en el kilómetro 34 el arroyo El Calao avanzó sobre la calzada y afectó un tramo de 30 metros. Y en Las Lenguas, en el kilómetro 44, hubo tres derrumbes. “No se podrá transitar por la ruta y no se puede precisar por el momento la fecha de habilitación”, explicó Correa.

Por la interrumpida ruta 65 llegar a Las Estancias desde San Miguel de Tucumán demanda 161 kilómetros. Ahora se pueden transitar dos opciones (Ver mapa de bajadas alternativas). Una es por Escaba y Alberdi. Es la más corta (242 km), pero el camino de ripio se torna ruinoso con las tormentas. La otra es por Balcosna y La Merced (33 km pavimentados). El recorrido es más largo, (303 km), pero más seguro.

Hay más de 20 familias evacuadas en el sur provincial
La zona de Los Agudo es la más anegada de la provincia. Unas siete familias aún deben ser rescatadas y hay otras 15 ya refugiadas en centros de Aguilares, además de otras en Bella Vista. El detalle fue dado anoche a LA GACETA por el secretario general de la Gobernación, Pablo Yedlin, tras una reunión del Comité de Emergencia Hídrica en la Casa de Gobierno. “Las lluvias (del lunes) en Catamarca generaron un aumento importante en el caudal de los ríos Chirimayo y Medinas y anegaron las poblaciones. Tenemos siete familias detrás del camino en la zona de Los Agudo, en Simoca, que tenemos que rescatar. En ese lugar hemos llegado a tener 200 familias anegadas, pero la mayoría no quiere abandonar sus casas”, explicó el funcionario. “Las obras de infraestructura están bien, salvo la de un puente sobre el río Chirimayo, en la ruta 65, que se había socavado un poco la base, y nos hizo tomar precauciones. En la capital no hubo evacuados”, afirmó.