El sitio donde se levanta hoy nuestra ciudad, trasladada por orden del gobernador Fernando de Mendoza y Mate de Luna en 1685, se conocía como “La Toma”. El doctor Ernesto Padilla apuntó interesantes comentarios sobre ese nombre, en una carta a Miguel P. Díaz de 1935. Expresaba que “con su significado en castellano, esa designación debía indicar el sitio de derivación de un caudal de agua o río, o de donde arranca una acequia”. Pero, pensaba Padilla que “la nueva ciudad no se erigía a orillas de un río, en sitio en que se realizara esa característica”, ya que “está a media legua en línea recta de la margen del río Salí”, y de este río se desprende la acequia que la provee de agua (escribía en 1935). Es decir que “tiene establecida lo que nosotros llamamos su ‘toma’, cerca de La Aguadita, a tres leguas al norte del asiento en que la ubicó Mate de Luna”. Agregaba que “podría haberse sacado la acequia al sur de este sitio, la que solamente habría servido para irrigar el bajo de la ciudad. Pero lo seguro es que si el lugar de erección de la ciudad trasladada se llamaba La Toma o La Thoma, debió obedecer a otros motivos que al de estar contigua al lugar de la captación de corriente fluvial, de la que estaba muy lejos”. Hacía notar que en distintos puntos de Tucumán existían sitios llamados Toma o La Toma. “Pero son nombres que obedecen al hecho real de la corriente vecina, lo que no pasa en el que ocupa la ciudad trasladada de San Miguel de Tucumán”. Hay que tener presente, concluía, que la elección del nuevo sitio fue determinada por razones de estrategia comercial y también guerrera para librarla de las invasiones de los indígenas que poblaban sus vecindades.