Se han ido adueñando de páginas y blogs de gastronomía, y se acomodan en listas (que no son unívocas); son protagonistas de la onda “vida natural” y los consideran una apuesta por la vida sana... ¡Con ustedes, los “superalimentos”!

Es más: Steven Pratt, el médico californiano que en 2004 acuñó el término (super food, en inglés), asegura que son 14 y que “te cambiarán la vida” (ese es el título de su libro, que rápidamente se convirtió en best seller). En su sitio web -citado por “Clarín”- Pratt asegura: “los nutrientes que contienen estas comidas ayudan a prevenir y, en algunos casos, a revertir los efectos conocidos del envejecimiento, incluidas las enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo II, hipertensión y algunos cánceres”. De rebote -aseguran también- hacen bajar de peso. Te los venden como los “superhéroes” de la gastronomía.

“Los llamados ‘superalimentos’ llegaron al mercado para quienes buscan optimizar, de forma natural, el rendimiento de la alimentación para afrontar largas jornadas laborales, exigentes entrenamientos físicos y una vida social activa”, explica la especialista en nutrición Mariela Córdoba, responsable del plan Obesidad Cero del Policlínico Ramón Carrillo, de Yerba Buena.

Qué son

En los diferentes listados hacen fila desde las algas (especialmente la espirulina) hasta la maca, raíz peruana que, aseguran los prospectos, es muy buen energizante y hasta combate la impotencia. También se incluyen otros dos alimentos andinos (chía y quinoa), así como brócoli, salmón, arándanos y frutos secos, entre otros. Y -quizás te sorprendas- uno que suele quedar excluido de cualquier dieta: el cacao.

Una primera aproximación indica que para ser considerado “súper” un alimento debe ser rico en fibra; contener altas dosis de minerales, proteínas y/o vitaminas, y niveles elevados de antioxidantes; ser bajo en calorías, y ayudar a prevenir problemas cardiovasculares y otras enfermedades.

“Hablamos de alimentos que, en igual cantidad, concentran más vitaminas, minerales, nutrientes y energía que otros”, sintetiza Córdoba. Pero lo cierto es que no existe una definición científica.

“Pese a su omnipresencia en los medios de comunicación, no existe definición oficial ni legal”, destaca el sitio del Consejo Europeo de Información sobre Alimentos (EUFIC, por su sigla en inglés), y añade: “poder distinguir entre lo cierto y el bombo publicitario, es importante examinar meticulosamente las pruebas científicas que pueda haber detrás de las afirmaciones de los medios de comunicación sobre los superalimentos”.

¿Moda o verdad?

“Es cierto que algunos alimentos contienen dosis importantes -mayores que otros- de ciertos nutrientes. Es decir, hay fundamentos científicos para destacar sus virtudes, pero hoy hay mucho de moda y de efecto publicitario”, advierte Víctor Gallo, especialista tucumano en nutrición y diabetes, y ejemplifica: “aporta proteínas de alto valor biológico, es real, pero no puede ‘competir’ con la carne. Algo semejante ocurre con la chía: contiene buenos ácidos grasos, pero aporta mucho menos que el pescado”.

“Sumar este tipo de alimentos enriquecerá la dieta, pero ninguno es la panacea. El alimento perfecto no existe; los seres humanos somos omnívoros desde hace 10.000 millones de años”, agrega, en insiste en que una alimentación saludable debe ser completa (de todo) , armónica (en las proporciones correctas), suficiente (en las cantidades correctas) y adecuada (proporcionada a la actividad que cada uno desarrolla).

Su colega Córdoba coincide con él: “gracias a los tres macronutrientes (proteínas, hidratos de carbono y grasas) es como la especie sobrevive hasta el día de hoy. La gente no puede alimentarse solos de superalimentos; nuestra dieta debe ser variada balanceada, completa, y también placentera y sostenible en el tiempo”, advirtió.


Qué son y para que sirven los antioxidantes

Uno de los rasgos que otorgan a los alimentos su calidad de “súper” es que combaten el envejecimiento porque contienen antioxidantes.

“La vida humana sería imposible sin oxígeno (...), pero es imposible usar altas tasas de oxígeno sin que dañe moléculas vitales”, explica el documento “Nuevos alimentos para nuevas necesidades” del Servicio de Promoción de la Salud, del Instituto de Salud Pública de Madrid (www.nutricion.org). Se conoce como estrés oxidativo y los organismos pueden procesarlo hasta cierto punto. Pero niveles altos (por tabaquismo o malnutrición, por ejemplo) pueden causar muerte celular. Y como el sistema de defensa contra el estrés oxidativo se debilita con la edad, se pierde progresivamente inmunidad y el correcto funcionamiento de los órganos.

Un poco de ayuda

Aquí entran en juego los antioxidantes: sustancias (concretamente, micronutrientes) capaces de retrasar o prevenir la oxidación, y por consiguiente, el daño celular. Se cuentan entre ellos minerales como selenio y, en menor medida, cinc, cobre, hierro manganeso, además de las vitaminas E y C, y los carotenos.

El selenio es un oligoelemento esencial, y aunque se necesitan pocas cantidades, debe obtenerse de los alimentos, explica el sitio web del centro médico de la Universidad de Maryland.

Pescados, mariscos, carnes rojas, granos, huevos, pollo, hígado y ajo son buenas fuentes de selenio. Si las carnes son de animales que comieron granos o plantas provenientes de suelos ricos en selenio, tendrán niveles más altos de este mineral.