Su solo nombre estremece, al punto de que el humor negro lo llama “El Alemán”. Pero es sabido: el miedo impotentiza, paraliza... y lo que hace falta, frente a la enfermedad de Alzheimer, es actuar.
“No asustarse; estar atentos”, es la consigna de Ana María Bosio de Baldoni, creadora y presidenta de ALMA (Asociación de Lucha contra el Mal de Alzheimer), que mañana a las 19 dictará la conferencia “Luchando con el alma”, en la Fundación León (Maipú 452). También brindará su testimonio con María del Carmen Díaz de Mallo, voluntaria de ALMA.
“Esperamos, claro, a médicos, estudiantes de Medicina y de Psicología, familiares... pero también a las mil y una personas que tienen contacto con pacientes que sufren algún tipo de demencia. Y, en definitiva, a la comunidad toda, porque hace falta crear una ‘comunidad amigable’. Y para eso es indispensable que comprendan la problemática”, dijo Bosio en diálogo telefónico con LA GACETA.
El diagnóstico precoz
La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad crónica, cuyas primeras manifestaciones, en general luego de los 60 años de edad, suelen ser trastornos de memoria. “Esa es una llamada de atención. No hay que ignorarla -como hacen muchos diciendo ‘la vejez es así’-. Hay que actuar, pero sabiendo que hay varios motivos para que aparezcan síntomas como esos, muchos de ellos, reversibles”, explicó Bosio. “Una deshidratación, una diabetes o una fiebre alta, por ejemplo, pueden causar signos de demencia”, añadió.
Explicó luego cuáles son los pasos por seguir: lo fundamental, siempre, es consultar al médico clínico. Si él no encuentra razones que expliquen las fallas de la memoria, derivará a un neurólogo especializado, y este realizará una serie de tests para evaluar funciones como la memoria, el lenguaje, la atención, etc. A ellos se suman análisis clínicos y de imágenes.
Calidad de vida
Se sabe: no tiene cura. Pero no por eso debe convertirse en una maldición. Sin perder el tiempo, conviene buscar ayuda para el paciente... y también para la familia. No hay recetas, porque cada paciente y cada familia son únicos, pero además del tratamiento médico existen los grupos de apoyo, y son fundamentales.
Los pacientes podrán en ellos lograr mejor calidad de vida. “Todo lo que le hace bien al corazón le hace bien al cerebro”, señaló Bosio, y destacó que además de cuidar la alimentación, son indispensables la actividad física y la social. “Hay que combatir el aislamiento y profundizar la actividad cognitiva”, resaltó.
La familia, por su parte, necesita, en primer lugar, información y asesoramiento: no es sencillo convivir con alguien que sufre demencia. Pero además, necesita contención y ayuda. “El paciente y su familia deben ser asistidos por un equipo interdisciplinario”, aseguró Bosio y sabe de qué habla: durante muchos años cuidó a su marido.
Y la ayuda viene de la mano de los cuidadores especialmente formados. “El proceso del Alzheimer suele ser largo y difícil, y la familia no resiste”, advirtió.