Se llaman radicales libres, pero en realidad no quieren estar libres. Por su estructura química, estas moléculas residuales -que nuestras células producen por el sólo hecho de “quemar” oxígeno cuando respiramos- tienden a unirse muy rápidamente a otros componentes de la célula viva (la membrana celular, las mitocondrias, el ADN, etc.) perturbando su funcionamiento en forma permanente. Lo hacen tan rápidamente que se estima que sólo son “libres” durante una pequeña fracción de segundo. Luego se quedan definitivamente produciendo el lento e irreversible deterioro que es la causa natural del envejecimiento.
“Prácticamente no hay enfermedades en las que el estrés oxidativo no tenga un protagonismo destacado”, afirma el doctor Raúl Pastor, cardiólogo argentino investigador de la Comisión Europea para la Investigación y la Innovación.
El organismo posee un estatus oxidativo natural por el cual produce constantemente estos radicales libres. También produce sustancias que ayudan a neutralizarlos, es decir: se unen químicamente a los radicales antes de que afecten las funciones celulares, anulando así su potencial efecto tóxico.
Afecta el equilibrio
“Pero la producción de radicales libres puede aumentar y romper ese equilibrio. Se sabe, por ejemplo, que del 1% al 3% del oxígeno que respiramos pasa a constituir radicales libres que el organismo normalmente tolera, y que una sola pitada de cigarrillo agrega nada menos que unos 100.000 billones de radicales libres. Esta cifra excede la capacidad natural del organismo para ‘limpiar’ esa toxicidad. Y es así como el organismo suma estrés oxidativo”, explica el doctor Pastor.
Puede volverse crónico
El estrés oxidativo puede deberse a muchas causas, y lo que es cada vez más conocido, son sus consecuencias: envejecimiento prematuro, deterioro funcional y diversos factores de riesgo para afecciones comunes (que incluyen a las enfermedades cardiovasculares y el cáncer). “Hasta tal punto, que hoy se piensa -apunta Pastor- que prácticamente no hay enfermedades en las que el estrés oxidativo no tenga destacada incidencia. Esto pasa especialmente cuando el estrés oxidativo se vuelve crónico”.
Después de comer, por ejemplo, es normal un estrés oxidativo pasajero; pero un estilo de vida poco saludable, con una ingesta excesiva de grasas y de alcohol y poco ejercicio físico, pueden elevar los niveles de radicales libres de manera permanente entre cinco y 10 veces por encima de lo normal: es lo que se conoce como estrés oxidativo crónico de moderado a severo.
Productos naturales
Una de las más importantes novedades en investigación de los últimos años ha sido el descubrimiento de ciertas sustancias de origen vegetal (como el resveratrol, un polifenol presente en las uvas, en las ostras y en algunos frutos secos), capaces de unirse a los radicales libres para neutralizarlos, estabilizarlos químicamente. Les quitan esa carga iónica que de otra manera llevaría a las moléculas residuales a enquistarse en otros componentes de la célula alterando su función normal.
Desde hace tiempo se conoce la eficacia antioxidante de las vitaminas, por lo que es común el uso de complejos polivitamínicos para combatir a los radicales libres. Pero su acción es menos específica y, en el caso de las vitaminas liposolubles (cuyo potencial exceso no es eliminado a través de la orina y queda acumulado) no está exenta de efectos adversos. “En cambio los polifenoles -como el resveratrol o el pterostilbeno-, explica el doctor Pastor, pueden ser considerados antioxidantes ‘inteligentes’, porque tienen una acción antioxidante básicamente inducida: le indican al organismo cómo reconstituir sus defensas contra los daños que puede provocar el estrés oxidativo”.
El estrés oxidativo aumenta con la edad, porque el organismo cada vez tiene menos capacidad para neutralizar por sí solo el excedente de radicales libres. El doctor Raúl Pastor, que es jefe de sección en la IV Cátedra de Medicina Interna del Hospital de Clínicas José de San Martín de Buenos Aires, señala: “a los 50 años de edad esta capacidad natural se ve reducida en un 36% respecto de una persona de 20. Además, el estrés oxidativo se retroalimenta con los procesos de enfermedad del organismo”.
Funciones más lentas
Entre otras cuestiones, el estrés oxidativo produce un enlentecimiento de la transmisión de las señales nerviosas, reduce la capacidad metabólica de las células, disminuye las funciones cardíacas y pulmonares –describe el especialista–. Sus primeros efectos se dan a nivel de los tejidos, donde promueve la formación de tumores, las mutaciones genéticas y la apoptosis o muerte de las células. Pero más adelante el daño se torna sistémico.
“En una persona con obesidad que come en exceso -precisó el cardiólogo- los primeros daños producidos por el estrés oxidativo serán a nivel gastroenterológico, más adelante, en todo el sistema inmunológico y demás órganos, como el aparato circulatorio o la piel”.
El estrés oxidativo también inhibe la síntesis de óxido nítrico en el organismo, lo que entre otras cosas afecta la función sexual, y podría estar en la propia génesis de enfermedades crónicas como la hipertensión arterial. También aparece claramente ligado a enfermedades de la piel, como la dermatitis atópica. Recientemente se comprobó que en las personas afectadas existe una concentración significativamente mayor de un radical libre (malonaldehído) en la dermis.
Los polifenoles como el resveratrol inducen al organismo a recuperar y potenciar su capacidad natural para neutralizar a los radicales libres y reparar los daños que éstos causan en el ADN celular, y cuya capacidad de producción estaba reducida por la edad o por el propio estrés: “Por eso –asegura el especialista– su uso puede ser recomendado tanto en casos de salud como de enfermedad”.