Son amor, pasión, celos, lujuria, traición, rencor, odio, ilusión, ternura, dolor, misterio, musas de la poesía, de la vida, paradigmas de la desdicha, del abandono... “No puedo terminar con tantas penas, quisiera reventarme hasta las venas. Por tu maldito amor no logro acomodar mis sentimientos y el alma se me sigue consumiendo...”, canta “El Juanito”. La voz se empapa de sentimiento para beber de una copa rota la derrota; se queja por tu maldito amor; se consuela con un “y todavía te quiero”, muerde lágrimas de sangre, se enoja y le dice: “andate por Dios”; sueña con “volver, volver” por tu hermoso cariño. Sin tener una gran voz, Juan Montalvo apela a su oficio de cantor y expresa con calidez y seducción este puñado de canciones mexicanas y mexi-tangos (“La cumparsita”, “Charlemos de amor”) que suenan muy agradables en clave mariachi. En definitiva, ellas son “divinas, no queda otro camino que adorarlas”, ¿que no?