La ceremonia inaugural fue un espanto, pero no tanto como el penal que le regalaron a Brasil para que pudiera derrotar a la corajuda Croacia (tampoco hay que regalarle muchos adjetivos a su nivel de juego). Es así, amigo lector, el Mundial empezó mal.
Los brasileños, que se jactan porque su alegría no tiene fin, quedaron en la historia al organizar la ceremonia inaugural más corta y aburrida de los Mundiales.
En el vecino país se burlan al asegurar que se malgastó tanta plata en la construcción de los estadios que se olvidaron de guardar para la fiesta inaugural, a pesar de que lo que usted observó costó nada menos que 9 millones de dólares. Otro detalle: en un país donde abundan las garotas, queda mal que Jennifer López haya sido la gran figura del acto. Tristísimo.
Después de la siesta vino el primer plato fuerte, o mejor dicho, el primer robo. Con muy poco, los croatas complicaron al dueño de casa. El gran candidato estaba entre las cuerdas hasta que apareció la manito del árbitro japonés Yuishi Nishimura, que le regaló un penal por una falta inexistente a Fred.
Si el equipo que dirige Luiz Felipe Scolari recibe ese tipo de obsequios todos los encuentros, no hay duda de que llegará bien lejos y puede soñar con levantar la Copa.