BUENOS AIRES.- Hace apenas tres años, Cristina Fernández encumbraba como compañero de fórmula a su ministro de Economía, Amado Boudou, e inmediatamente lo catapultaba como su heredero para continuar con “el modelo nacional y popular” más allá de 2015.

“Viendo a la juventud aquí, estoy seguro de que después de 2015, tenemos proyecto nacional y popular para rato”, clamaba un Boudou eufórico en la campaña electoral de 2011. En junio de ese año, había sido elegido como el candidato a vice.

Pero Boudou solo pudo gozar de las mieles como el heredero “K” durante unos pocos meses, ya que en abril de 2012 afloró la ‘causa Ciccone’ que lo involucró para siempre. El vicepresidente pasa por su peor momento desde que irrumpió en la cúpula kirchnerista, deshaciéndose del brazo protector de Sergio Massa y seduciendo una tarde en Olivos a Néstor Kirchner, con su propuesta para estatizar las AFJP.

Funcionarios cercanos al santacruceño admitieron, tiempo después, que así todo, Kirchner nunca digirió a Boudou, salvo por ser una obstinación de su esposa, Cristina Fernández. En las discusiones de la pareja presidencial, cuando Néstor cuestionaba a Boudou, Cristina le retrucaba con Julio Cobos, el vice que le había puesto Kirchner.

Al avance de la investigación por la ex empresa Ciccone Calcográfica, complicando la situación de Boudou, se sumó en las últimas horas una cuota mafiosa, al conocerse la salida del país del ex director de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Economía, José Capdevila, tras ser amenazado si su declaración complicaba al vice.

El funcionario sentenció que prefiere “ser un exiliado en democracia y no (Julio) López”, en alusión al testigo desaparecido, desde 2006, cuando iba a declarar en un juicio contra represores de la dictadura militar. Lapidario. “No sabemos hasta dónde lo sostendrá Cristina, porque esto afecta también a la Presidenta. Boudou es ella”, afirmó una fuente de la Casa Rosada.

Defensores

El efecto es tal en el Gobierno nacional que, esta semana, varios ministros debieron salir a hablar acerca del reclamo, desde la oposición, para que Boudou pida licencia hasta tanto se aclare su situación procesal.

Pero la repercusión del caso Ciccone, así como el efecto negativo en la imagen de Boudou, exceden la cobertura mediática. El desgaste de más de 10 años en el poder del kirchnerismo, sin ningún heredero a simple vista, dinamita cualquier escudo protector -judicial, mediático, político o social- y las denuncias proliferan y evolucionan en la Justicia contra la gestión “K”.

No es casual que la propia Presidenta haya desafiado al Poder Judicial -fiscales y jueces- en las últimas horas, al señalar que las denuncias en su contra “deberán ser probadas, absolutamente”. En su afán por desprestigiar a los funcionarios judiciales que activan las presentaciones contra el Gobierno, no sólo en la causa Ciccone sino también por el acuerdo YPF-Chevron, por ocultar los datos de la pobreza o por el acuerdo con Irán, la Presidenta terminó elogiándolos. “Ojalá hubiéramos tenido (en los ‘90) fiscales y jueces como los actuales, que siempre están tan atentos para hacer las denuncias que corresponden hacer y que deberán ser probadas. Porque realmente si esto hubiera pasado cuántas cosas nos hubiéramos ahorrado los argentinos”, señaló la mandataria. ¿Seguirá pensando lo mismo? (DyN)