"Escuchame bien, si querés que a tu hijo no le pase nada me tenés que dar $ 5.000". La voz que le pidió el rescate a Gabriel estaba distorsionada. "Era como que hacía un esfuerzo para cambiar el tono", contó el hombre. Así comenzó un calvario de dos horas, que finalizó cuando encontraron al pequeño de seis años en el baño de la terminal de ómnibus de Trancas.

La sorpresa mayor de Gabriel y de su esposa Ana fue saber que las dos sospechosas de haber mantenido cautivo a su hijo de seis años son dos adolescentes de 13 y 14 años. La primera, además, es la hermana menor del padre del pequeño.

El secuestro ocurrió el viernes a la tarde. Franco, de seis años, fue retirado de la escuela por una de las adolescentes, con la excusa de que su madre lo estaba esperando a las pocas cuadras. El despliegue de la Policía de Trancas, a cargo del comisario Andrés Ocaranza, fue fundamental para rescatar al niño.

Trabajando la tierra
Gabriel y su familia son oriundos de Bolivia, y desde hace unos cuatro años viven en dos casillas precarias de madera en una finca de Trancas, donde trabajan cultivando verduras. Ayer a la tarde, LA GACETA encontró al matrimonio con sus cuatro hijos mientras abrían los surcos, a unos 800 metros de la entrada a la finca.

"El viernes a la tarde teníamos que ir las madres a la clase de plástica. Fui y me retiré como a las 15.30 porque tenía que ver a mi bebé, que había quedado con el padre", recordó Ana.

Franco debía ser retirado junto a otros tres menores por un remisero amigo. Pasadas las 16.15, los otros niños llegaron a la finca. "Se fue con una chica", le dijo un sobrino a Ana, cuando preguntó por su hijo. Desesperada, la mujer estaba por salir corriendo hacia la escuela cuando sonó el teléfono.

La primera y la segunda llamada se cortaron. Cuando volvieron a comunicarse atendió Gabriel, y le avisaron del secuestro. Pusieron dos condiciones para que no le pasara nada al niño: que la entrega del dinero la realice Ana, y que no le dieran aviso a la Policía.

Cambio de planes
Sin embargo, el matrimonio decidió ir a la comisaría. Mientras Ana hablaba con los policías, Gabriel buscó al remisero y juntos se fueron hacia una farmacia, donde les habían dicho que tenían que entregar el dinero.

Más tarde, tras una nueva comunicación, le dijeron que habían cambiado los planes. Los $ 5.000 tenían que ser dejados en el primer cuarto del baño de hombres de la terminal de ómnibus.

Los policías de Trancas prepararon un sobre que contenía papeles, simulando que allí estaba la plata. Un efectivo se ubicó frente a la terminal en un auto con vidrios polarizados y el remisero se sentó en las cercanías del sanitario. Gabriel entró al baño, dejó el sobre y se fue. "Sólo había un hombre que no tenía nada que ver, porque se retiró al rato", contó el padre de Franco.

Luego, el hombre se dirigió hacia una de las entradas de Trancas, donde le habían dicho que estaba su hijo. En el camino, vio a su hermana menor hablando por teléfono en las cercanías de la terminal.

El policía que observó todos los movimientos sospechó de una adolescente, que entró al baño de hombres, estuvo unos minutos y luego salió para ingresar a los sanitarios de mujeres. Hacia allí fue y encontró a Franco sentado en uno de los inodoros, jugando con un teléfono celular. La menor de 14 años era amiga de la tía del pequeño, y las dos fueron llevadas a la comisaría. "Cuando me dijeron que habían rescatado a mi hijo, recién me sentí tranquila. Mi marido lo trajo a la comisaría, donde estaba yo. Tenía los ojos hinchados, parece que estuvo llorando", contó Ana.

Franco no tenía lesiones, aunque estaba nervioso, según su madre. Casi todo el tiempo lo tuvieron en el baño de la terminal de ómnibus.

"Me dijo que le dieron un teléfono celular para que se entretuviera. Le pregunté por qué se había ido con otra persona, si yo siempre le enseñé que no se vaya con extraños. Pero él la conocía a la amiga de su tía, y pensó que lo llevaba conmigo", relató la mamá de Franco.