La hipertensión arterial es la principal causa de muerte en el mundo: multiplica el riesgo de sufrir patologías cardíacas, accidente cerebrovascular (ACV) y enfermedad renal, entre otras. Afecta a más de un tercio de la población adulta, existen tratamientos eficaces, pero sólo una de cada cinco personas logra mantener su presión arterial dentro de los valores considerados normales (14/9). Esto se debe a que además de cumplir con la terapia farmacológica adaptada a cada caso, es necesario cambiar ciertos hábitos de vida.

La dificultad para mantener la presión arterial dentro de los valores normales se debe principalmente a dos factores: 1) hay muchos pacientes con HTA que desconocen su condición y 2) entre los pacientes medicados hay escasa adherencia al tratamiento. Esta situación preocupa a la comunidad médica argentina.

Argumentos del enfermo

El 52% de los pacientes que inician un tratamiento antihipertensivo lo abandonan antes de los seis meses. Este dato surgió del Ensat, único estudio de relevancia hecho en la Argentina sobre adherencia al tratamiento antihipertensivo, del que participaron 1.800 pacientes. "El estudio mostró lo mismo que vemos en nuestra práctica diaria: los pacientes modifican las dosis, los horarios de toma de los medicamentos o dejan de tomarlos porque sienten efectos indeseables, porque 'se sienten bien' o porque 'se sienten mal'", explica el doctor Roberto Ingaramo, ex presidente de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA) y fellow de la American Society of Hypertension, que dirigió dicho estudio pionero en 2000 y cuyos resultados fueron publicados en 2005 en la Revista Argentina de Cardiología.

"La mayoría de los estudios sobre adherencia realizados en el mundo muestran que la mitad de los pacientes abandona el tratamiento antes de un año -señala el doctor Marcos Marín, médico cardiólogo de la Sección Hipertensión del Hospital Italiano de San Justo y miembro de la comisión directiva de la SAHA-. Por eso en nuestro país, apenas una de cada cinco personas con hipertensión arterial (HTA) tiene su presión controlada".

Actualmente, el control de la HTA mejoró respecto de los años 80, pero continúa estando lejos de lo teóricamente posible, según el experto.

"Los últimos estudios clínicos controlados y publicados en los años 2000 nos han mostrado que entre el 70 y el 80 % de los hipertensos pueden ser controlados. Sin embargo, en las muestras poblacionales se observa que poco más de la mitad de quienes reciben tratamiento mantienen controlada su presión", aclara el doctor Martín Salazar miembro de SAHA, que está coordinando el primer proyecto conjunto de Argentina-Brasil junto a sus pares de la Sociedad de Hipertensión de Brasil.

"No existe en Latinoamérica un estudio multinacional sobre la adherencia a los tratamientos para la HTA -comentó-. Por eso las sociedades de hipertensión de Brasil y Argentina están realizando un trabajo multicéntrico que consiste en una encuesta estructurada sobre adherencia al tratamiento. Está dirigida a médicos y a pacientes hipertensos. También contempla indicadores socioeconómicos, de educación y de accesibilidad a los tratamientos. Estamos esperanzados en poder mejorar la adherencia de nuestros pacientes a los tratamientos antihipertensivos".

Quieren menos píldoras

Un importante estudio publicado en noviembre pasado en el prestigioso Journal of American Society of Hypertension, en donde se realiza un meta análisis de varios seguimientos que involucró a un total de 16.290 pacientes con HTA en Estados Unidos, arrojó una significativa mejora en la adherencia de los pacientes al tratamiento farmacológico cuando este es más sencillo, aun cuando la cantidad de drogas administrada sea la misma. En más de seis años que duró el seguimiento, el 76% de los pacientes que debían tomar tres pastillas abandonó el tratamiento o hizo pausas de más de un mes, mientras que los que recibían las mismas drogas pero en dos píldoras, sólo un 46% interrumpió su tratamiento en ese período. "En pacientes con HTA que requieren terapia con tres fármacos, las combinaciones fijas de dos drogas que reducen la carga de píldoras pueden mejorar la adherencia y los resultados clínicos sin incrementar los costos para el sistema de salud", concluye el estudio.

Bajan los riesgos

El estudio mostró, además, que en los pacientes con mayor adherencia baja la incidencia de eventos cardiovasculares, la falla cardíaca, el infarto de miocardio, el accidente cerebrovascular (ACV) y enfermedad renal. También disminuye la cantidad de intervenciones por enfermedad cardíaca y hasta el ingreso en tratamiento de diálisis (la HTA y la diabetes son la principal causa de enfermedad renal crónica).

"El mayor problema del médico es la falta de comunicación con el paciente"

El tratamiento de la hipertensión arterial (HTA) comienza con medidas no farmacológicas (ver "Dale, optá por una vida sana"). Si bien estos factores son muy importantes, es muy difícil evaluarlos cuando se mide adherencia porque este concepto se restringe -generalmente- al tratamiento farmacológico. "De todas maneras, si se evaluara la adherencia -incluyendo el consejo médico de cambiar los hábitos de vida, hacer una dieta sana y realizar actividad física todos los días, seguramente los resultados serían tan malos o peores que los que obtuvimos con el tratamiento farmacológico", reflexionó el cardiólogo y especialista en HTA, doctor Roberto Ingaramo.

La adherencia al tratamiento implica conductas que van más allá y que involucran una visión más integral del cuidado de la salud. Y eso se traduce, también, en beneficios. El cardiólogo Marcos Marín menciona al respecto un metaanálisis publicado en el British Medical Journal en junio de 2006, que revela que entre los pacientes que adhirieron al tratamiento hubo un 44% menos de mortalidad que entre los no adherentes. Si bien este análisis se refiere a tratamientos sobre enfermedades cardiovasculares, también muestra, según el especialista, que hay pacientes que son más cuidadosos. La persona que 'toma la pastillita' es la persona que también se cuida de una manera más integral, que come bien y que no fuma. Siempre es importante observar las medidas no farmacológicas, pero lo más importante es que el paciente alcance los objetivos terapéuticos", subrayó Marín.

Inconductas compartidas

Las razones de la falta de adherencia no sólo hay que buscarlas en supuestas "inconductas" de los pacientes. También los médicos (y el factor social) cumplen su papel. "A menudo -ejemplifica Marín- los médicos no 'adhieren' a alcanzar los objetivos terapéuticos. Después de un tiempo de iniciado un tratamiento convencional, las cifras de presión arterial de un paciente, medidas en el consultorio, tienen que estar por debajo de 14/90. Sin embargo, se ha visto en las historias clínicas que los pacientes acuden con valores por encima de lo normal, y el médico no hace nada".

La hipertensión refractaria es la que no cede a los tratamientos y que representa menos de un 10% de los casos, según Marín. Salvo condiciones dadas por la edad o por alguna particularidad clínica, si el paciente cumple con la terapia y no logra mantener su presión arterial dentro de los límites normales, el médico debe ajustar el tratamiento. Pero cuando se encuentran un paciente poco adherente con un médico que se preocupa poco por alcanzar los objetivos, el control de la presión es bajísimo.

"Si la terapia no hace efecto y el médico no cambia nada, el paciente suele perder la confianza y probablemente busque otro profesional. Mientras tanto, suspende el tratamiento", añade Ingaramo. "En estos casos, el mayor problema del médico suele ser la falta de comunicación con su paciente".

La adherencia al tratamiento da mejores resultados cuando el paciente tiene educación integral y siente que su entorno lo apoya. "Aproximadamente un tercio de las muertes en la Argentina son atribuibles a la hipertensión arterial -resume el doctor Martín Salazar-. El control temprano de la presión posterga el desarrollo de la enfermedad cardiovascular (infarto de miocardio, ACV, insuficiencia cardíaca y falla renal). La elección del fármaco inicial y la simplificación del tratamiento aumenta la frecuencia de las visitas al médico. Así, mejora la adherencia", explica.

"La mejor forma de generar confianza en el paciente y de favorecer su adherencia es lograr que el tratamiento sea efectivo sin provocarle efectos adversos", advierte Ingaramo. "La falta de adherencia es una de las grandes barreras a vencer en los tratamientos crónicos. Pensemos: cuántas veces no olvidamos de tomar dosis de antibióticos durante una semana de tratamiento, para imaginarnos lodifícil que debe ser cumplir una terapia de por vida para una enfermedad casi siempre asintomática como lo es la HTA", reflexionó Salazar.

PUNTO DE VISTA

"El mito del asesino silencioso"

Pablo Rodríguez - Miembro de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA)

¿Es la HTA realmente un "asesino silencioso"? Años de repetir este oscuro concepto ha hecho que pacientes, familiares, los medios y hasta los propios profesionales de la salud hayan adoptado esta denominación. Desde la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial trabajamos arduamente para que la HTA sea correctamente diagnosticada, tratada y controlada en todos los pacientes. No pensamos que la hipertensión sea un "asesino silencioso", sino todo lo contrario. Si aceptáramos eso, tendríamos que aceptar que nuestra batalla está, a priori, perdida. Un asesino es aquel que mata más tarde o más temprano, con mayor o menor crueldad, pero siempre mata. ¿Podemos decir entonces que la HTA es un asesino?

Cuando a mediados del siglo pasado tratar la HTA era casi una hazaña, con medios físicos como las sangrías o el uso de drogas más tóxicas que salvadoras (diuréticos mercuriales y otros), quizás hayan sido más las batallas perdidas que las ganadas. Cada paciente era nuestro Waterloo. En cada uno se ocultaba el asesino. Pero hoy podemos contar la historia de otra manera. Hace más de 50 años se descubrió la cara del asesino. Los primeros trabajos que demostraron la efectividad del tratamiento nos señalaron el camino que hoy recorremos, siempre avanzando. La aparición sucesiva de más y mejores herramientas terapéuticas nos permiten alcanzar un adecuado control de la presión arterial en la mayoría de los pacientes si todos -médicos y pacientes- nos proponemos ese objetivo.

Asesino es el que mata. Y un "asesino silencioso" no avisa cuando va a matar. No da señales. Mata desde las sombras. ¿Podemos decir que la HTA no avisa? La hipertensión habla: cada vez que un registro de presión arterial es mayor o igual a 140/90 mmHg es una palabra en nuestros oídos. Cuando esos valores comienzan a repetirse se transforman en un grito. Nada de silencio. Sólo debemos asumir la responsabilidad de tomarnos la presión. No debemos esperar sus gritos desesperados cuando ya ha enfermado otros órganos y se manifiesta con un infarto de miocardio o un ACV. La hipertensión no es un asesino y mucho menos silencioso. Empecemos por tomarnos la presión para comenzar a vencerla. Si es igual o mayor a 140/90, consulte a su médico.