Pará. Quédate ahí. Vas a perder sólo algunos segundos. A lo sumo un minuto. No avancés. No crucés la línea ¿Para qué? ¿Qué vas a ganar realmente? Me pregunto si alguna vez te pusiste a pensar que las cosas pueden no salir como las planeás. Que esa "picardía" de un momento, que creés inofensiva, puede costarte más caro de lo que jamás imaginaste. Que esa mala decisión puede desatar un mar de las lágrimas más pesadas, las que brotan del dolor sin consuelo. Recordá que no estás solo. La ciudad no es sólo tuya. Lo que hagás puede involucrar a muchas personas. Detenete, ¡stop! No hagás que tu vida y la de otros se vuelva una pesadilla. No vivas con esa insoportable culpa. Animate a dejar pasar esos segundos. ¡Frená; no acelerés! Pensá en los afectos que te rodean. En esos seres que te dibujan sonrisas, que te contienen y que -por sobre todo- te están esperando. Sé consciente que esa mujer que está en la esquina puede ser madre, hermana o esposa. Que ese hombre que transita por la otra calle va a buscar a sus hijos a la escuela o a visitar a su padre. Que ese chico que corre apurado y distraído por la vereda tiene muchas aventuras y sueños por cumplir. No avancés. No. Quedate ahí. Dejá que el segundero dé una vuelta completa. Dale, animate. Obligate.
La luz está en amarillo. Depende de vos.