No suman una decena los grupos que en Tucumán pueden llegar a cumplir 20 años; menos, aún, los que pueden jactarse de haber creado una estética particular en la producción teatral. Este año, Manojo de Calles llega a las dos décadas, con un trabajo que ha hecho de la dramaturgia del actor un punto de partida y un modo propio de existir, apoyado en investigaciones que van desde la antropología teatral de Barba a la danza butoh y el teatro de la crueldad de Artaud, operando en el intertexto; siempre, con el expreso objetivo de un teatro no representativo, más cercano a la acción performática.

"Antígona Vélez", "El país de las lágrimas o lamento de Ariadna", "Tango Cha Cha Cha", "Los ojos de la noche", "Fiesta 5", "¿…? Qué será?", "Episodio inicial" y "Después de muertos" son algunas de las puestas que han oscilado entre la comedia y la tragedia y hasta en la intriga policial; con el grotesco en primera persona, un género híbrido por naturaleza.

Manojo de Calles no se ha limitado a las obras en las salas: son conocidas sus acciones callejeras ("El casamiento de Martita", por caso) que le ha permitido intervenir tanto en la plaza de Villa Luján como en el Palacio de los Tribunales o las peatonales. Y más recientemente, con el proyecto "Fuera de Foco", en el barrio El Bosque.

Intervenir el espacio público es un operativo de dislocación: instalar la escena fuera del escenario; invertir el lugar del teatro; emplazarlo y desplazarlo entre los transeúntes; tomar por asalto al público. La intervención va, entonces, en una doble dirección: hacia los ocasionales presentes y hacia la propia geografía. La intervención supone una acción externa, desde afuera. Una estrategia de interferencia, en definitiva; pero, si bien se ve, el dispositivo al que recurrió el grupo deconstruye algunos de los pares tradicionales de las artes escénicas, como espacio cerrado/espacio abierto; actor/público; interior-sala/exterior-calle; actuación/improvisación; actor/personaje, entre otros.

Si hay algo que caracteriza a los actores/actrices del grupo ha sido su disposición y preparación para lanzarse al vacío, sin contención alguna, en arriesgadas acciones cuyo final nunca se conoce de antemano. Si se adoptara la conocida distinción de Nietzsche entre lo apolíneo y lo dionisíaco, no quedan dudas de que Manojo de Calles toma partido por lo segundo; si se pudiera definir su trabajo con una palabra utlizaría el exceso como categoría.

Verónica Pérez Luna, la coordinadora del grupo desde sus inicios, describe la teatralidad en estas líneas: "Una teatralidad animal; la fiesta, la comida y la bebida; los cuerpos desnudos voluptuosos y abiertos; la belleza violenta o la violencia dulce y bella al punto del esplendor; el contagio, la sacudida, la dificultad de la mirada, los obstáculos del sentido, un realismo sensorial al punto del espasmo; un cambio de estados abruptos en los cuerpos, estados psicofísicos alterados. Actores siempre en riesgo corporal y mental". "Lo que importa no es la obra sino la situación escénica", agrega, como para resaltar que el teatro es el único arte en vivo, sin mediaciones.

Manojo de Calles ha sido, además, el semillero de importantes actores y de grupos que han adoptado su línea de acción como método de trabajo.