Extrañan su pago. Hace varios días que están demorados en el ilusorio Jardín. Una fiebre subtropical ha saboteado la salud de Almanzor y los ha obligado a descansar en las cercanías del dique. La voz de una guitarra se trepa a la noche para que ellos nostalgien. Frente al espejo de agua, Scheherezade se viste de estrellas y de un viento venidos del Yocavil. Shahriyar le espolvorea un sentimiento en el pelo: No me dejes lejos de tus manos, de tu mirada, con los grillos de tus besos dormidos en el alma. Las mil y ochenta y cuatro noches se entreveran en las patas del giboso y echan a rodar. 

Abandonan la basura ambiente con la esperanza de hallar aires saludables. Cerca de la aldea, un hedor indescifrable les trampea el olfato. Están desorientados. "¡A los ricos bollos! ¡Con chicharrón pal buen amor, bella señora! ¡Pruebe!", dice una gordita. "Gracias, moradora (recibiendo una tajada), ¿qué fortaleza es aquella? - Es la cárcel, dicen que no da abasto. Mucha delincuencia... - ¿Están mezclados los ricos con los pobres? - Jaja, cuándo ha visto a los poderosos tras las rejas junto con los perejiles y menos en este villorrio. Acá les dicen los enriques porque siempre se enriquecen a costillas del pueblo..."

Los vehículos no respetan las luces del semáforo. Los bocinazos alteran los nervios de Almanzor, mucho más cuando dos sujetos se pegan a él e intentan motoarrebatar las alforjas y los bollos de Scheherezade. La cimitarra de Shahriyar relampaguea en el aire y pone en retirada a los malhechores. Los vidrios de una torre los encandilan. A medida que se aproximan el olor es más penetrante. La indignación de una turba de ancianos, amas de casa, trabajadores, profesionales rodea el edificio inteligente. Los redoblantes sacuden las copas de los árboles. "¿De qué os quejáis?", dice Shahriyar. "- (una docente ofuscada) ¡Los Decididos de Al Rachid se han aumentado en un 36% los recursos para gastos sociales... uno de sus servidores ha dicho que su dieta de $11.500 no le alcanza para vivir y que necesita los otros mangos para atornillarse en el poder, él y sus parientes! - (un viejo con muletas) El jefe de ellos aclaró que ganan $13.000 y ninguno percibe más de ¡$120.000! para uso discrecional... y el 73% de los jubilados cobra $1.920 y el sultán se niega a pagarnos el 82% móvil pese a que la Justicia se lo ha ordenado... - (una abuela con tos) ¿Y para qué les pagamos? ¿Para levantar la mano y obedecer al supremo, para bancar sus punteros, para legislar muchas veces en favor de intereses que no son los del pueblo? Como esa ley para contratar y pagarles un platal a ingenieros de La Plata, despreciando nuestras universidades... - ¡Esta torre nos costó $130 millones! Mientras la mayoría vive como un pachá, al pueblo le tiran migajas. ¿Al Rachid habrá pesificado sus ahorritos, como pide la emperatriz? - (un pintor alterado) "No rinden cuenta de sus gastos al pueblo, lo que ganan y la guita que se reparten, se mantiene en secreto. ¿Por qué? (el tufillo que exhala la torre lo hace estornudar) Algo huele mal en... - (una viejita lo interrumpe) "No sólo tenemos una jubilación miserable, ahora morirse sale un 30% más caro. Nos van a llevar a la tumba con esta injusticia. ¿Si fuéramos sus padres harían lo mismo? ¿Y si Al Rachid y sus acólitos se hacen cargo de nuestros gastos de sepelio?"

Descansan ahora en la Pérgola. "La dieta es un régimen alimenticio para los enfermos, pero para estos Decididos, es lo contrario", comenta Scheherezade. Tras mojar el alma en un bienbec, Shahriyar acota: "Son dietas que engordan patrimonios. 'En piedras y moldejones, trabajan grandes y chicos, martillando todo el día, pa'que otro se vuelva rico', canta mi amigo Ata. Así nacen los enriques, ¿que no?"