Lo tenemos encima. En cinco días, chau 2012 (sí, una noticia reveladora). Comienza ese año al que le apostás todo, o mucho. Durante el que te proponés dejar atrás lo que no te gusta, cantarle las 40 a tu vecina (o a tu jefe), ahorrar para un viaje, comenzar el gimnasio o irte a vivir solo. Los fines de año son contradictorios. Te llenan de ilusiones, pero es cuando más quejas se escuchan. Que no das más del cansancio. Que se pasó rapidísimo. Que te endeudaste más de la cuenta. Que te arreglaste con una, pero te peleaste con dos. Que seguís igual, sin avances.
¿En qué quedamos? Dale, que llegan las 12 de la noche y con la copa en la mano no vas a saber por qué brindar. (Advertencia: la frase que sigue no fue sacada de un libro de autoayuda) "A veces, las razones son más simples y están a mano".
Si estás con tus amigas charlando o armando una valija, brindá por eso. Si estás sano, si los que amás también lo están, brindá por eso. Si alguien logró arrancarte una sonrisa, si te encontraste con una persona después de mucho tiempo, si elegís no apurarte, si lo malo que te pasa, no es tan malo al final de cuentas... brindá por eso.
Después de todo, este 2012 no fue tan amargo. Ahora vienen otros 365 días, 365 oportunidades para recopilar buenas razones por las cuales brindar.