Están esos días que se pasan con la batería baja. Como que te queda solo un "palito" y ya la señal sonora se hizo escuchar varias veces. Y encima te dejaste el cargador en casa.
Esos días en que te quedás sin crédito para seguir adelante y no hay un SOS que te salve. O te consumiste todo el monto disponible del abono del mes.
Esos días en que, para lograr que te atiendan, tenés que escuchar uno por uno hasta el último de los ítems del menú, hasta que la voz imperturbable te diga por fin que esperés mientras te comunica con la operadora. Y llega la "musiquita". Larga, monótona, interminable...
Peor aún: están esas jornadas en las que buscás una rápida salida, pero las líneas estás congestionadas. Seguís tratando y el número marcado no corresponde a un abonado en servicio.
Y cuando lográs por fin pescar la línea deseada, la "voz" te devuelve a la realidad diciéndote que el cliente solicitado no puede atender tu llamado en este momento. Querés dejar una señal, pero la casilla no puede contener más mensajes.
Así están las cosas a veces en la vida. Dificultosas; imperfectas; llenas de idas y vueltas; en ocasiones sin un número de interno para acudir antes que caer en la maraña de opciones numéricas, sin olvidar que para finalizar la llamada tenés que marcar sí o sí asterisco y/o numeral.
Felizmente, el día a día nos da chances de salir de estos laberintos. Porque siempre nos la ingeniamos para conseguir tono. Y aspiramos a que el "ring ring" de un llamado por hacer o por recibir nos devuelva al lugar donde, mantenermos en contacto, siga siendo un placer. Y con un abono de por vida.