Honradez, virtuosismo, inteligencia, tenacidad, desinterés... Las virtudes de Manuel Belgrano parecen hoy anacrónicas y pasadas de moda. Sobre todo en el ámbito de la política, que es donde el prócer dejó su huella indeleble. Sin embargo, Belgrano fue mucho más que un abogado o un general del ejército. "Fue un visionario. Cuando uno lee su correspondencia o las cartas que le escribió a José de San Martín, se puede constatar que fue un hombre distinto al resto de sus contemporáneos. Era un hombre avanzado y eminentemente práctico. Práctico en el sentido de que quería modificar las condiciones de vida en el Río de la Plata. Quería, por ejemplo, que el país dejara de ser una colonia chata. Y, para eso, había que educar, crear instituciones y traer las nuevas ideas económicas. En definitiva, era un hombre que iba al grano en todo. No perdía el tiempo", señala Miguel Ángel De Marco, presidente de la Academia Nacional de Historia y autor del libro "Belgrano. Artífice de la Nación. Soldado de la libertad", que fue presentado ayer en Tucumán.
En diálogo con LA GACETA, De Marco (que fue periodista), asegura que decidió escribir el libro en un lenguaje llano para que pueda ser leído por todos. "Me pareció que era necesario redactar una biografía accesible, sin otra pretensión que poner al alcance del gran público, mediante una editorial de vasta circulación, la insigne y abnegada figura de Belgrano, modelo de honradez, generosidad y entrega sin cálculo a la causa de la independencia", dice.
- ¿Belgrano fue más soldado que abogado?
- Yo creo que si. Y fue un muy buen soldado. Incluso San Martín, que era un hombre parco y no sabía adular (justamente por su formación militar), dijo en una oportunidad: "Belgrano es el mejor general de América". Y lo demostró justamente aquí, en Tucumán.
- Desde el punto de vista militar ¿cuál era la diferencia entre San Martín y Belgrano?
- Bueno, San Martín hizo una brillante carrera en todos los campos de batalla de Europa. A Belgrano lo mandaron a reorganizar el ejército del Norte. Le dijeron "hacete cargo". Y el fue y se hizo cargo como pudo. Hasta incluso contrató un profesor de esgrima para que lo ayude a perfeccionar su pericia en el campo de batalla.
- Se habla mucho de la pertenencia de Belgrano a la masonería... ¿Usted cree que es cierta esta creencia?
- Yo no he encontrado ninguna evidencia que avale tal cosa. Porque en el caso de San Martín hay una serie de referencias, como la famosa medalla de Bruselas o la misma Logia Lautaro. Pero con Belgrano, no se pudo confirmar ninguna vinculación. Si existió su pertenencia, debió haber sido algo tan secreto que ningún historiador lo pudo descubrir. Además, Belgrano era una persona religiosa y la masonería, en aquel tiempo, ya había sido condenada por la Iglesia.
- ¿Qué diferencia hay entre el Belgrano de su libro y el que estudiamos en la escuela?
- Belgrano tiene la característica, al igual que San Martín, de priorizar por encima de todo interés el bien para la Patria. Ellos se entregaron al país y respetaron sus convicciones en todo momento. Fue un soldado de la independencia y, por ejemplo, cuando se intentó premiarlo con dinero por sus logros renunció a todo y lo donó para servir al bien público. Además, creo que hay muy pocos casos en la historia de una persona tan enferma como Belgrano. Tenía una salud minada por la sífilis y él, pese a todo, siguió luchando.
- Dicen que su honradez era legendaria...
- De hecho era su mayor virtud. Uno de sus colaboradores cuenta que, cuando vivía en Tucumán, Belgrano era tan pobre que se paseaba con las botas remendadas. Y estas cosas parecen hoy inauditas en algún funcionario público.
- ¿Belgrano amó Tucumán?
- Fue su segunda casa. Lo marcó en lo bueno y en lo malo. Aquí conoció la gloria, el amor y el infortunio.