Las soluciones parecen lógicas. Para evitar asaltos como el que sufrieron la directora y las docentes de la escuela Deán Funes, en el barrio General Olleros, hay que levantar paredes más altas que rodeen el predio, poner rejas con candados en cada acceso y que la Policía lo custodie. Pero, ¿es lógico que los chicos asistan a clases en una fortaleza? ¿Hay que resignarse a que en los recreos los delantales blancos se mezclen con el azul del uniforme policial?

"Es una zona peligrosa", justificaron algunos. En los barrios "peligrosos" de Estados Unidos instalaron a principios de los 90 detectores de metales en las puertas de los colegios. ¿Será esa la realidad de nuestras escuelas en los próximos años? ¿Habrá que acostumbrarse a que los alumnos sean requisados al entrar a clases? Si la educación nos iguala, ¿hay que acentuar las diferencias entre una escuela céntrica y una ubicada en la periferia?

La Real Academia Española dice que un suceso es lógico cuando los antecedentes lo justifican. Sin embargo, que las escuelas parezcan presidios no suena lógico.