A cada partido que Roger Federer le toca jugar en la cancha central del All England lo juega como si fuese una defensa de su hogar. Si hay que comparar un lugar con la casa de Roger ése lugar es el club inglés. Como es lógico en cualquier ser humano, a nadie le va a gustar que le ganen en casa, en esa casa donde ganó siete veces y nadie triunfó más que él.
Para el suizo, que los Juegos Olímpicos se jueguen en el césped de Wimbledon le da la oportunidad de obtener lo poquísimo que le resta ganar en este deporte. Y va en ese camino, aunque con complicaciones desde el principio (en primera ronda el colombiano Alejandro Falla lo hizo jugar tres sets) que, a base de su frialdad para competir en un juego, supo sacar adelante.
Ante Juan Martín Del Potro también se le complicó. "Delpo" jugó lo necesariamente bien el primer set ante un número uno ?esto es lo que deberá recordar cada vez que salga a la cancha ante Federer- y lo ganó sin discusión. En el segundo equipararon sus fuerzas demostrando su nivel y dejando en claro que son de los "diferentes" al resto, esos que cualquier otro jugador sabe que son difíciles de vencer. Y el tercero fue un tributo al análisis, a determinar previamente qué es lo que cada uno debía hacer contra el otro. Claro está el triunfo quedó para el que mejor anticipó la jugada; fue como una partida de ajedrez y por eso fue tan atrapante: en pocas ocasiones uno le facilitó al otro la implementación de la jugada y una consecuente resolución.
Pero el que estaba plantado al frente del tandilense, era el dueño de casa que sigue buscando ser el rey de su reino Wimbledon, pero esta vez quiere bañar con el oro de la medalla su corona. LA GACETA ©