PARIS.- El socialista François Hollande era visto como un político blando e inexperimentado, pero se mostró constante y supo ganar credibilidad, capitalizando el rechazo al presidente saliente, Nicolas Sarkozy. El candidato sigue sin hacer soñar a los franceses, "la adhesión vino progresivamente", reconoce él mismo, pero encarna una alternativa a Sarkozy y la esperanza para la izquierda de volver al poder, por primera vez en 20 años.
"El próximo jefe de Estado debe ser lo contrario de Sarkozy", recalca el mismo Hollande, de 57 años de edad. Más allá de las divergencias políticas, todo opone el candidato socialista al presidente saliente, del que él recusa "la exhibición permanente" y denuncia que "no ha cesado de indisponer la mitad de Francia contra la otra mitad". Hollande asume el calificativo de "antihéroe" que le dio el diario español El País, y promete una presidencia modesta para el que la ejerce, pero ambiciosa para el país. Hace dos años que Hollande recorre el país, dos años que trabaja su imagen. El hombre afable quiere mostrarse sólido y "tenaz", su principal cualidad, según su amigo el ex ministro Michel Sapin.
Según Hollande, la presidencia tiene una dimensión simbólica. Símbolo de voluntad y de moral. En el plano moral, afirmó que "quiere que la acción del Estado vuelva a ser ejemplar", criticando la "tendencia personalista" y la "exhibición permanente" del presidente saliente.
En vísperas de los comicios se mostró prudente -"nada está decidido"- pero repitió con convicción: "estoy preparado para presidir Francia".