OSLO.- Pese a su aire de hombre de cortesía desconcertante y sin problemas, Anders Behring Breivik se convirtió en uno de los asesinos más sanguinarios de la historia, movido por el odio al islam y al multiculturalismo.

Grande, rubio y coqueto, este extremista de derecha describió su masacre del año pasado como "un ataque preventivo contra los traidores de la patria". Nació el 13 de febrero de 1979 en un país rico y tranquilo y creció sin que en ningún momento su entorno detectara el drama que iba a tener lugar. Según reconoció, tuvo una infancia normal, con un padre diplomático y una madre enfermera que se separaron poco tiempo después de su nacimiento. "He tenido una educación privilegiada con personas responsables e inteligentes a mi alrededor", escribió en la parte autobiográfica del manifiesto que emitió el día de la matanza.

Vivió con su madre y su hermanastra en el seno de una familia de clase media que nunca tuvo problemas de dinero. Su única queja ha sido la de haber tenido "demasiada libertad". Cuando todavía era pequeño, sin embargo, los servicios sociales fueron alertados de una posible carencia. "Anders es un niño pasivo que huye un poco del contacto, un poco ansioso, con una sonrisa fingida y desalentadora", escribió un psicólogo, cuando él tenía apenas cuatro años. "Era un niño normal, pero encerrado en sí mismo. No se interesaba en la política en aquella época", confesó su padre luego, aunque perdió el contacto con su hijo cuando era adolescente y lo detuvieron haciendo pintadas.

Sus antiguos compañeros de estudios lo describen como alguien discreto, con problemas para encontrar su lugar y no exactamente el líder natural que aspiraba a ser. Dejó el liceo a los 18 años, sin terminar su escolaridad. Ingresó en el movimiento de los jóvenes del Partido del Progreso, una formación de la derecha populista antiinmigración. Se apartó una decena de años después, al considerarlo demasiado abierto a las "esperas multiculturales" y a los "ideales suicidas del humanismo".

En Facebook, se define conservador, cristiano y fan de videojuegos violentos que, afirmó, le ayudaron a entrenarse para el planificado asesinato de 77 personas. Fueron actos "atroces pero necesarios", según él. Breivik entró en 2002 en una cruzada ideológica en los Caballeros Templarios (cuya existencia la Policía nunca logró probar). Es el ejemplo arquetipo del atacante "lobo solitario", lo que, en sí mismo, lleva tranquilidad a una sociedad sacudida por la tragedia. (DPA)