ROMA.- "Salvamos como a 500 o 600 personas", contó Edgard López Sánchez, un camarero colombiano que sobrevivió al naufragio del "Costa Concordia" en la isla italiana de Giglio. "Es el más cruel que he vivido", reconoció.
López, uno de los 10 colombianos de la tripulación, tiene 48 años y trabaja desde hace 17 en la compañía italiana Costa Crociera, propietaria del crucero de lujo. "Hice unos 10 viajes con la lancha, cada uno de media hora; hacía frío y soplaba viento. Nosotros hemos sido entrenados por la compañía para eso", contó el mesero colombiano.
"Es mi segundo naufragio, después del que viví en 2006 en Punta del Este (Uruguay) por un incendio. Pero este ha sido el más cruel", sostuvo. "Los héroes fuimos nosotros: colombianos, hondureños, chinos, la tripulación, que está compuesta por gente de 20 nacionalidades", aseguró López, y admitió que las órdenes de evacuación llegaron tarde.
"El rescate, la Policía, los Bomberos también tardaron, al menos 45 minutos en llegar", lamentó. El camarero, que perdió todo su dinero, computadora, teléfono móvil y ropa, recordó cuando ocurrió el accidente.
"A las 21.45 escuché un estruendo fuerte. No me asusté. Nosotros no sufrimos de pánico, somos guerreros. Tratábamos de calmar a la gente, pero sabíamos que era algo raro, muy extraño", rememoró.
"El capitán nunca habló. Fue el encargado de ceremonias el que nos ordenó tranquilizar a la gente. Nosotros solemos hablar en código y nos dijo 'india, víctor y azucena', que quiere decir 'fuego y heridos', porque con el primer golpe mucha gente se hirió, tenía cortadas por la caída de vidrios y platos. El segundo golpe fue aún peor. El barco dio vuelta casi 50º, se fue inclinando. La gente corría como pollitos soltados", contó.
"No pude llegar a mi cabina, porque el agua se venía. Comenzamos a llevar a los pasajeros a las escaleras de escape y a los puntos de reunión. Intentábamos calmarlos. La tripulación asiática, casi el 50%, habla medio inglés, así que me comunicaba con señas", recordó.
Al colombiano le tocó subir a una lancha de rescate del costado más peligroso, pero no pudo. "Se había dañado. Nos sacaron a todos. Intenté arrojarme al mar, era un salto como desde un onceavo piso, pero un compañero dominicano me lo impidió", narró. En su dramática experiencia le tocó llegar hasta uno de los bares y deslizarse hacia el mar del otro lado del barco, donde había otra lancha.
"Le di a mi Dios gracias y empecé a ayudar a la gente, realizando casi 10 viajes con la lancha. Me salió del corazón", subrayó.
El colombiano contó que no olvidará los comentarios de una pasajera italiana que embarcó en Civitavecchia en el crucero. "Como si fuera un presagio, me hablaba siempre del Titanic, que se hundió hace exactamente cien años, en abril de 1912", evocó. (AFP-NA)
López, uno de los 10 colombianos de la tripulación, tiene 48 años y trabaja desde hace 17 en la compañía italiana Costa Crociera, propietaria del crucero de lujo. "Hice unos 10 viajes con la lancha, cada uno de media hora; hacía frío y soplaba viento. Nosotros hemos sido entrenados por la compañía para eso", contó el mesero colombiano.
"Es mi segundo naufragio, después del que viví en 2006 en Punta del Este (Uruguay) por un incendio. Pero este ha sido el más cruel", sostuvo. "Los héroes fuimos nosotros: colombianos, hondureños, chinos, la tripulación, que está compuesta por gente de 20 nacionalidades", aseguró López, y admitió que las órdenes de evacuación llegaron tarde.
"El rescate, la Policía, los Bomberos también tardaron, al menos 45 minutos en llegar", lamentó. El camarero, que perdió todo su dinero, computadora, teléfono móvil y ropa, recordó cuando ocurrió el accidente.
"A las 21.45 escuché un estruendo fuerte. No me asusté. Nosotros no sufrimos de pánico, somos guerreros. Tratábamos de calmar a la gente, pero sabíamos que era algo raro, muy extraño", rememoró.
"El capitán nunca habló. Fue el encargado de ceremonias el que nos ordenó tranquilizar a la gente. Nosotros solemos hablar en código y nos dijo 'india, víctor y azucena', que quiere decir 'fuego y heridos', porque con el primer golpe mucha gente se hirió, tenía cortadas por la caída de vidrios y platos. El segundo golpe fue aún peor. El barco dio vuelta casi 50º, se fue inclinando. La gente corría como pollitos soltados", contó.
"No pude llegar a mi cabina, porque el agua se venía. Comenzamos a llevar a los pasajeros a las escaleras de escape y a los puntos de reunión. Intentábamos calmarlos. La tripulación asiática, casi el 50%, habla medio inglés, así que me comunicaba con señas", recordó.
Al colombiano le tocó subir a una lancha de rescate del costado más peligroso, pero no pudo. "Se había dañado. Nos sacaron a todos. Intenté arrojarme al mar, era un salto como desde un onceavo piso, pero un compañero dominicano me lo impidió", narró. En su dramática experiencia le tocó llegar hasta uno de los bares y deslizarse hacia el mar del otro lado del barco, donde había otra lancha.
"Le di a mi Dios gracias y empecé a ayudar a la gente, realizando casi 10 viajes con la lancha. Me salió del corazón", subrayó.
El colombiano contó que no olvidará los comentarios de una pasajera italiana que embarcó en Civitavecchia en el crucero. "Como si fuera un presagio, me hablaba siempre del Titanic, que se hundió hace exactamente cien años, en abril de 1912", evocó. (AFP-NA)