ZURICH.- Poco dado a mostrar las emociones, Lionel Messi fue ayer un hervidero de sentimientos. No sólo por su tercer Balón de Oro seguido, un logro de magnitud, sino también por algo que le eriza el último rincón del alma: siente que en Argentina, por fin, lo quieren.
"Los premios que me dieron, el reconocimiento en mi país, el cariño de mi gente... Todo eso fue algo muy especial", confesó en Zurich el mejor futbolista del planeta, que en las últimas semanas recibió el premio al mejor deportista del país -que hasta ahora no tenía- y fue declarado "ciudadano de honor" de Rosario, su ciudad natal.
A unos pasos de él estaban su padre, Jorge, su madre, Celia, y su novia Antonella, embutida en un ajustadísimo vestido negro que realzaba su figura, un atuendo propio de un momento especial como el que celebró el genio del Barça. Su tercer Balón de Oro consecutivo sitúa al rosarino cada vez más cerca de superar a los mejores entre los mejores. Tiene sólo 24 años, y para ser el mejor de todos le falta, él lo sabe, ganar un Mundial, el mayor desafío que le plantea su carrera.
Porque implica entenderse con Argentina, ese país que ama pero que tantas veces tan ajeno lo hizo sentir. Tanto, que seis meses atrás, durante la Copa América, fue silbado desde la tribuna. Sucedió en Santa Fe, su provincia natal, la que dejó a los 13 años para iniciar su aventura en el Barcelona.
"La verdad que no me paro a pensar lo que conseguimos, lo que conseguí, disfruto de todos los momentos que me tocó vivir, gracias a Dios pasé cosas hermosas", dijo Messi intentando bajarle las pulsaciones al momento, un oasis de autocelebración tras tres temporadas de un éxito tras otro, 13 títulos de 16 posibles en el Barcelona, alegrías que contrastaron con las frustraciones con la albiceleste.
Por eso, de cara a su futuro, lo más importante que dijo Messi tuvo que ver con lo afectivo antes que con lo futbolístico. "Hoy mi país se siente orgulloso de mí como nunca antes me lo habían hecho sentir y demostrado. Eso es para mí algo muy grande y lo agradezco". Frase clara y contundente, lejana al estilo habitual de un Messi que está en las antípodas de la locuacidad y el histrionismo de Pelé y Maradona. (DPA)
"Los premios que me dieron, el reconocimiento en mi país, el cariño de mi gente... Todo eso fue algo muy especial", confesó en Zurich el mejor futbolista del planeta, que en las últimas semanas recibió el premio al mejor deportista del país -que hasta ahora no tenía- y fue declarado "ciudadano de honor" de Rosario, su ciudad natal.
A unos pasos de él estaban su padre, Jorge, su madre, Celia, y su novia Antonella, embutida en un ajustadísimo vestido negro que realzaba su figura, un atuendo propio de un momento especial como el que celebró el genio del Barça. Su tercer Balón de Oro consecutivo sitúa al rosarino cada vez más cerca de superar a los mejores entre los mejores. Tiene sólo 24 años, y para ser el mejor de todos le falta, él lo sabe, ganar un Mundial, el mayor desafío que le plantea su carrera.
Porque implica entenderse con Argentina, ese país que ama pero que tantas veces tan ajeno lo hizo sentir. Tanto, que seis meses atrás, durante la Copa América, fue silbado desde la tribuna. Sucedió en Santa Fe, su provincia natal, la que dejó a los 13 años para iniciar su aventura en el Barcelona.
"La verdad que no me paro a pensar lo que conseguimos, lo que conseguí, disfruto de todos los momentos que me tocó vivir, gracias a Dios pasé cosas hermosas", dijo Messi intentando bajarle las pulsaciones al momento, un oasis de autocelebración tras tres temporadas de un éxito tras otro, 13 títulos de 16 posibles en el Barcelona, alegrías que contrastaron con las frustraciones con la albiceleste.
Por eso, de cara a su futuro, lo más importante que dijo Messi tuvo que ver con lo afectivo antes que con lo futbolístico. "Hoy mi país se siente orgulloso de mí como nunca antes me lo habían hecho sentir y demostrado. Eso es para mí algo muy grande y lo agradezco". Frase clara y contundente, lejana al estilo habitual de un Messi que está en las antípodas de la locuacidad y el histrionismo de Pelé y Maradona. (DPA)