El capitalismo es un sistema socio económico caracterizado fundamentalmente por la propiedad privada de los principales medios de producción y la libertad reconocida a los individuos para realizar contratos que regulen sus propios intereses. Por otra parte, el capitalismo es la historia de la ambición del ser humano por ganar la mayor cantidad de dinero en el menor lapso posible, y eso ha dado lugar a crisis financieras y bursátiles con enorme propagación en la economía real en diferentes lugares.

En la práctica, no hay un solo capitalismo; existe cierto consenso de la existencia de varios capitalismos a lo largo de su historia, con diversos modelos de desarrollo: anglosajón, asiático, escandinavo, chino, irlandés y canadiense; con menor o mayor intervención estatal; algunos más abiertos al capital extranjero y otros privilegiaron el capital nacional. Pero el mundo globalizado de hoy, a través del desarrollo tecnológico de los mercados financieros, ha permitido que capitales transnacionales circulen libremente de un lugar del planeta a otro en tiempo real, creando y reproduciendo instrumentos financieros virtuales en base a la ambición desmedida y sin control. Esto ha provocado una nueva crisis del capitalismo, que la estamos sufriendo todos con secuelas sociales todavía imprevisibles, y nada garantiza que no estén incubándose otras burbujas. Algunos especialistas hablan de probables burbujas de commodities y de países emergentes. La memoria del crack de Wall Street en 1929 y la secuela de desempleo desesperan a más de un gobernante. La Gran Depresión fue, sin duda, la crisis más dura a la que se enfrentó el capitalismo desde sus inicios en el siglo XVIII. Esta es la razón por la cual los gobiernos actuales empezaron a intervenir en sus economías para mitigar los inconvenientes y las injusticias derivadas de la crisis, llegando al extremo de entrar en déficits fiscales impensados y emisión monetaria expansiva, cuyas consecuencias están por verse.

El Premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, sostiene que los grandes enemigos de la estabilidad del capitalismo han sido siempre la guerra y la depresión; precisamente, después de la Segunda Guerra Mundial, surgió renovado. Todavía resta ver qué pasará con la actual crisis que comenzó en 2008, que siguió creciendo merced a la especulación financiera desde la década del 70, a una velocidad superior a la producción, la inversión y el comercio internacional. Cualquiera fuera el desenlace global, el desafío consiste en encontrar un nuevo equilibrio entre Estado y mercado, donde se invierta la ecuación presente en favor de la producción por encima de la especulación financiera. Pero la pregunta es ¿quién va a liderar el capitalismo, occidente u oriente? asumiendo que el capitalismo no va a desaparecer.