"No basta decir sólo la verdad, más conviene mostrar la causa de la falsedad", decía Aristóteles. Hace 33 años un pueblo entero se levantaba para que se reabriera la fábrica textil, un anhelo que se concretaría mucho después.

En las seis hectáreas en las que funcionaba la hilandería original la maquinaria sigue casi intacta. Tanto el espacio como las máquinas pertenecieron al Estado nacional y ahora todo es de la Provincia. Al parecer, el plan es hacer un museo.

Desde el cierre la planta estuvo custodiada por ex trabajadores. Hacían turnos rotativos y dormían en el lugar para evitar los robos. Inclusive todavía se organizan para cuidar lo que entienden les pertenece.

"Cuando cerró la textil, en el 78, dejaron las máquinas en condiciones de seguir trabajando. Yo era supervisor, hicimos la limpieza y quedaron intactas", recordó don Mario Quiroga, que desde entonces es portero.

Juan Francisco Cabrera también fue obrero de la textil. "Enviaban un subsidio para mantenimiento, pero no alcanzaba más que para pagarles a tres porteros. Aún así venían los mecánicos y movían las máquinas, y estaban perfectas. Si tienen que hacerlas funcionar no me cabe duda de que arrancarán", advirtió.

Cabrera contó que en 1995 ingenieros de una textil santafesina las revisaron y comprobaron que estaban en perfecto estado. "Por otro lado, creo que se van a desperdiciar las máquinas si se hace un museo -destacó-. Porque si bien son modelos viejos, tienen poco uso. Son antiguas, pero sirven".

Cabrera, de 75 años, actualmente propietario de una confitería, sostiene que la textil Escalada figura en la historia argentina, aunque no está valorada ni reivindicada. "La huelga por tiempo indeterminado que hicimos dio mucho que hablar -comentó-. Fue muy importante y tuvo tanta repercusión nacional que las únicas organizaciones gremiales que enfrentaron a la dictadura fueron tres: la gente de Chocón-Cerro Colorado, en Córdoba Sitrac-Sitram, y esta fábrica de Los Ralos".

"Había un gran compañerismo y respeto por todas las ideas políticas. Cuando el Gobierno nacional expropió la fábrica a la familia Lamuraglia no fue un regalo. Fue fruto y consecuencia de la presión y de la lucha de todos. De los compañeros y del pueblo de Los Ralos", destacó Cabrera, que padeció la cárcel en aquellas épocas difíciles.