No hizo falta que "saliera de gira" para que la reconozcan, pero la figura de Mercedes Sosa creció con su muerte. Hoy, a dos años de su partida, su nombre está inscripto en terminales aéreas, plazas y estudios de radio y televisión de todo el mundo.

Ante su muerte, LA GACETA ofreció una edición especial dedicada a su memoria que no perdió vigencia.

"La Negra" no ocultaba sus enojos. Frontal, como cuando elegía su repertorio, se encargó siempre de dejar en claro su posición ante la vida. "A mí nadie me dicta lo que tengo que decir. No tengo asesores ni pertenezco a ningún partido político. Soy una mujer de una ideología de izquierda y siempre me mantuve firme en esa postura. Sin embargo, antes de todo esto, soy una embajadora de la paz: rezo y lucho todos los días, desde mi lugar, para que no ocurran desastres en mi tierra", se autodefinió alguna vez.

Con la misma firmeza mostró su dolor por el olvido que sufrió durante mucho tiempo en su propia tierra. "Soy una buscadora permanente del pueblo. Creo que mi pueblo, de donde soy, siempre me ha sido esquivo. Hay algo que me pasa, como si me hubieran prestado para otro lado", dijo.

E insistió: "Estoy buscando diariamente el amor de mi pueblo, al cual le venden rubias de ojos celestes, estilizadas y yo, que soy retacona, cara de coya... es todo más difícil para mí".

La esperanza y el optimismo también formaron parte de su ideario. "Nada en mí ha cambiado. Creo que en nuestra patria tenemos que tener una larga paciencia y unirnos todos los argentinos. La paz hará que nuestro país resurja de tanta desesperación, de tantos olvidos de estos últimos años. No hay que tenerle miedo al amor y hay que jugarse por los seres que han sufrido", afirmó. LA GACETA ©