Cuando estaban por concederle la apertura del debate en la comisión de Obligaciones de las XXIIIª Jornadas de Derecho Civil -que se desarrollan hasta mañana en Tucumán-, dijeron que era una persona tan conocida y respetada en el ámbito del derecho que no había palabras para definirlo. Él, con algo de modestia y mucho de broma, indicó que su trayectoria lo había convertido en un "impresentable".
En efecto, referir al curriculum de Luis Moisset de Espanés no dejaría espacio para publicar la entrevista que concedió a LA GACETA, tras concluir el primer día de trabajo en comisiones. Baste decir que, al menos poéticamente, sangre "tucumana" recorre sus venas: su papá, aunque había nacido en Lomas de Zamora (Buenos Aires) se consideraba un tucumano más, al punto que sus restos descansan en el cementerio del Oeste. Moisset de Espanés nació en Córdoba, donde cursó sus estudios secundarios y donde se graduó de abogado. Allí hizo su carrera de docente y de investigador. Hoy, prácticamente no hay país en Sud y Centroamérica que no le haya conferido un doctorado honoris causa o alguna otra distinción. Además, preside la Unión de Academias de Jurisprudencia de Iberoamérica, por segundo período consecutivo.
En medio de un encuentro de hombres del derecho, que se sustancia mientras una comisión analiza la futura reforma el Código Civil, el hombre se anima a afirmar que tal reforma no es necesaria. "Nuestro Código Civil data de 1871; pero hay códigos vigentes tan o más viejos: el de Francia es de 1804; el de Chile, de 1855; el de España, 1889; el alemán, de 1900; el suizo, de 1912. El valor, la trascendencia, la vigencia de un código y su proyección no tienen vinculación directa con el momento de la sanción, sino con la perspectiva general del propio código. Y el nuestro demostró tener muy buenas cualidades para resistir el embate del tiempo", aseveró.
Moisset de Espanés se inclina, en todo caso, por resolver de otro modo lo que fue imposible contemplar hacia finales del Siglo XIX, sin llegar a la reforma total. "La estructura, si es buena, puede ser interpretada de manera que funcione. Hay países que cuentan con códigos históricos. Y la cultura jurídica de esos países prefiere integrar los retoques dentro del texto que funciona bien", afirmó. Según agregó, los retoques pueden darse de diversos modos: "hoy, en cada contrato, el lenguaje del código es comprendido por las partes; y salvo unos puntos, la sociedad funciona. Cambio el lenguaje y genero conflicto. A mi criterio, no convendría tocar la base, sino legislar sobre los puntos donde hay conflicto; y tal legislación puede insertarse en el código o ser paralela a este".
El experto dejó en claro que no se opone a la reforma total, cuando esta resulta necesaria. "(Dalmacio) Vélez Sársfield (creador del Código Civil) nunca pensó en que su texto iba a ser inmutable. (Pero) hay que preguntarse si con las transformaciones que se produjeron es indispensable cambiar el código o si manteniendo estructuras básica es conveniente legislar sobre algunos puntos. Vélez no podía incluir artículos que regularan el e-mail; pero casos así se resolvieron con leyes complementarias", puntualizó.
Si bien no criticó directamente a los integrantes de la comisión reformadora (el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti; la vicepresidenta del máximo tribunal del país, Elena Highton, y la ex vocal de la Corte Suprema de Mendoza Aída Kemelmajer), sí cuestionó la metodología de trabajo que se está aplicando para la reforma.
"Hay quienes, quizá porque deseen pasar al bronce, quieren una reforma. Y una reforma no es desdeñable, puede hacerse, pero hay que hacerlo siguiendo buenos métodos de reforma, adoptando caminos de técnica legislativa ¿Queremos una reforma total? Para que se haga seriamente, no puede estar en marzo", aseveró. Según añadió, hoy no se conoce de qué modo se está trabajando. "Hay 70 personas trabajando; y ninguno sabe lo que está haciendo el otro. Un código no es una serie de mosaicos que después se juntan, porque falta la estructura. Si para marzo está la estructura es porque la tenían de antes, y nadie la conoce; y si no está y sólo logran reunir los 70 mosaicos, recién están en el primer paso, porque falta armonizarlo, darlos a conocer. No se está procediendo correctamente, se comenzó a trabajar sin un método adecuado, y vulnerando toda buena regla de técnica legislativa", afirmó.
Apuntó, además, que no se está atendiendo al actual orden global. "La codificación también fue fruto de un fenómeno político: el Estado moderno. Cada nación debía tener su cuerpo de leyes. (Pero) la evolución del mundo nos está llevando a entidades supranacionales: el Mercosur, la Comunidad Económica Europea. Hoy, ninguna nación europea pensaría en redactar un nuevo código. Tienen un parlamento que aprueba directivas para que estas se proyecten en el derecho interno de cada país", dijo.
¿A su entender, a qué se debe la premura por reformar el código?, preguntó LA GACETA. Moisset de Espanés fue contundente en su respuesta: "Políticamente, hay grupos que dicen 'estamos refundando la Argentina y tenemos que refundar del todo; queremos dar un código que sea modelo para todo el mundo'. ¿En seis meses, un código modelo para todos? No seamos presumidos ni pretenciosos. Es la improvisación, para después decir que somos los mejores. Debemos hacer algo bueno, pero no lo haremos sin trabajo."
En efecto, referir al curriculum de Luis Moisset de Espanés no dejaría espacio para publicar la entrevista que concedió a LA GACETA, tras concluir el primer día de trabajo en comisiones. Baste decir que, al menos poéticamente, sangre "tucumana" recorre sus venas: su papá, aunque había nacido en Lomas de Zamora (Buenos Aires) se consideraba un tucumano más, al punto que sus restos descansan en el cementerio del Oeste. Moisset de Espanés nació en Córdoba, donde cursó sus estudios secundarios y donde se graduó de abogado. Allí hizo su carrera de docente y de investigador. Hoy, prácticamente no hay país en Sud y Centroamérica que no le haya conferido un doctorado honoris causa o alguna otra distinción. Además, preside la Unión de Academias de Jurisprudencia de Iberoamérica, por segundo período consecutivo.
En medio de un encuentro de hombres del derecho, que se sustancia mientras una comisión analiza la futura reforma el Código Civil, el hombre se anima a afirmar que tal reforma no es necesaria. "Nuestro Código Civil data de 1871; pero hay códigos vigentes tan o más viejos: el de Francia es de 1804; el de Chile, de 1855; el de España, 1889; el alemán, de 1900; el suizo, de 1912. El valor, la trascendencia, la vigencia de un código y su proyección no tienen vinculación directa con el momento de la sanción, sino con la perspectiva general del propio código. Y el nuestro demostró tener muy buenas cualidades para resistir el embate del tiempo", aseveró.
Moisset de Espanés se inclina, en todo caso, por resolver de otro modo lo que fue imposible contemplar hacia finales del Siglo XIX, sin llegar a la reforma total. "La estructura, si es buena, puede ser interpretada de manera que funcione. Hay países que cuentan con códigos históricos. Y la cultura jurídica de esos países prefiere integrar los retoques dentro del texto que funciona bien", afirmó. Según agregó, los retoques pueden darse de diversos modos: "hoy, en cada contrato, el lenguaje del código es comprendido por las partes; y salvo unos puntos, la sociedad funciona. Cambio el lenguaje y genero conflicto. A mi criterio, no convendría tocar la base, sino legislar sobre los puntos donde hay conflicto; y tal legislación puede insertarse en el código o ser paralela a este".
El experto dejó en claro que no se opone a la reforma total, cuando esta resulta necesaria. "(Dalmacio) Vélez Sársfield (creador del Código Civil) nunca pensó en que su texto iba a ser inmutable. (Pero) hay que preguntarse si con las transformaciones que se produjeron es indispensable cambiar el código o si manteniendo estructuras básica es conveniente legislar sobre algunos puntos. Vélez no podía incluir artículos que regularan el e-mail; pero casos así se resolvieron con leyes complementarias", puntualizó.
Si bien no criticó directamente a los integrantes de la comisión reformadora (el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti; la vicepresidenta del máximo tribunal del país, Elena Highton, y la ex vocal de la Corte Suprema de Mendoza Aída Kemelmajer), sí cuestionó la metodología de trabajo que se está aplicando para la reforma.
"Hay quienes, quizá porque deseen pasar al bronce, quieren una reforma. Y una reforma no es desdeñable, puede hacerse, pero hay que hacerlo siguiendo buenos métodos de reforma, adoptando caminos de técnica legislativa ¿Queremos una reforma total? Para que se haga seriamente, no puede estar en marzo", aseveró. Según añadió, hoy no se conoce de qué modo se está trabajando. "Hay 70 personas trabajando; y ninguno sabe lo que está haciendo el otro. Un código no es una serie de mosaicos que después se juntan, porque falta la estructura. Si para marzo está la estructura es porque la tenían de antes, y nadie la conoce; y si no está y sólo logran reunir los 70 mosaicos, recién están en el primer paso, porque falta armonizarlo, darlos a conocer. No se está procediendo correctamente, se comenzó a trabajar sin un método adecuado, y vulnerando toda buena regla de técnica legislativa", afirmó.
Apuntó, además, que no se está atendiendo al actual orden global. "La codificación también fue fruto de un fenómeno político: el Estado moderno. Cada nación debía tener su cuerpo de leyes. (Pero) la evolución del mundo nos está llevando a entidades supranacionales: el Mercosur, la Comunidad Económica Europea. Hoy, ninguna nación europea pensaría en redactar un nuevo código. Tienen un parlamento que aprueba directivas para que estas se proyecten en el derecho interno de cada país", dijo.
¿A su entender, a qué se debe la premura por reformar el código?, preguntó LA GACETA. Moisset de Espanés fue contundente en su respuesta: "Políticamente, hay grupos que dicen 'estamos refundando la Argentina y tenemos que refundar del todo; queremos dar un código que sea modelo para todo el mundo'. ¿En seis meses, un código modelo para todos? No seamos presumidos ni pretenciosos. Es la improvisación, para después decir que somos los mejores. Debemos hacer algo bueno, pero no lo haremos sin trabajo."