"Estoy sordo". Son las dos palabras, las únicas, que dirá Luis del Señor Sanabera, a quien todos llaman "Cucharita" en Alto Verde. A quien todos conocen por la miserable situación en la que sobrevive.
El ex peón, de 73 años, habita una tapera torcida, con pedazos de madera por paredes, una lona picada por puerta, y un desvencijado techo a dos aguas de chapas ladeadas. En definitiva, un lugar hecho de deshechos. Hay que cruzar una acequia a través de un improvisado puente de cañas huecas, que tiene una chapa acanalada por toda caminería, para llegar hasta ese cuartucho, ubicado en la la zona que los vecinos llaman "La Refalada", distante sólo un par de kilómetros del centro de la comuna.
El anciano está todo el día en cama, en esa precaria habitación de piso de tierra, al lado de una mesita atestada de tarros, jarros de lata y un lavatorio de plástico.
"Ya está discapacitado. Recibe una pensión, pero lo que necesita con urgencia es que le construyan un módulo decente", relata Patricia Graneros, quien vive en una empobrecida casa contigua y se ocupa de atender a Sanabera.
La situación provoca la indignación de la vecina María Isabel Lopez. "Mi hermana tramita un módulo desde hace cuatro años. Fuimos 10.000 veces a pedirle al delegado comunal que gestione esa construcción: ni la asistente social vino", recuerda, ofuscada.
"Mi hermana ofreció un terreno de su finca, contiguo a su casa, para que ahí levanten la construcción. Y no se hizo nada", repudió.