Esa luna de luz rodea la ronquera de un hombre pequeño, morrudo, que envuelve con sus párpados cerrados el corazón de la guitarra. La voz ajada embruja con sentimiento el alma de una salamanca santiagueña, de donde tal vez habrá salido en 1937: Vengo desde el olvido... por ver si mato penas carnavaleando...

Cuánta música se derrama en los gestos de sus arreglos en los Huanca Hua, en el Grupo Vocal Argentino, en los Músicos Populares Argentinos, en La Manija. El aire fresco y la belleza de sus armonías insuflan los pulmones del folclore y avanzan con desenfado hacia el futuro, pese a las zancadillas conservadoras.

Me anda faltando plata, chicha y coraje y un empujón del diablo pa? enamorarte... "Los artistas somos cronistas de la época que nos tocó vivir. He sido un arreglador que ha andado por otros caminos, no tanto el de la composición", dice.

Por el humo del cigarro galopan acordes, ecos de blues, de jazz, que siembran de horizontes temas tradicionales, como: yo conozco un gualicho mejor: zamba de los yuyos pa?enamorar...

Innovador. Provocador. Siempre buceando en el asombro. En la sorpresa. Nada -menos la música- brota de sólo estar. Nada nuevo puede construirse sin cimientos. Sin ancestros el arte es puro cuento. "Sé tocar una chacarera tal cual lo hacían mis abuelos. Por eso puedo tocarla como lo hago hoy. No soy un intelectual que se propuso innovar sin conocer sus raíces", explica.

El enfisema ahoga en la madrugada del 24 de agosto el último sueño de Farías Gómez. Imágenes santiagueñas empañan la mirada de ese Chango sin arreglo, que a esta hora ya debe andar trampeándole el alma con su gualicho al universo.