El mundo enfrenta hoy problemas comunes relativos a la seguridad. Ningún Estado parece estar a salvo del narcotráfico, del crimen organizado, del azote de diferentes tipos de catástrofes naturales o bien de potenciales conflictos armados en los que pueda recurrirse a armamento nuclear.
Ante la transnacionalización de las amenazas, se requiere actuar en forma conjunta. Por tal razón, la cooperación regional en materia de seguridad se presenta como el mejor camino para elaborar estrategias que brinden soluciones concretas.
En América Latina, la situación actual reviste características particulares que, en algunos casos, parecen atentar contra la posibilidad de una cooperación fructífera en esta materia y en otros ofrecen una oportunidad histórica única para fortalecer los lazos entre los países de la región.
Entre las cuestiones que obstaculizan la cooperación regional podemos mencionar la falta de unidad ideológica y política de los actuales Gobiernos en los distintos países; la ausencia de identidad cultural y/o étnica, y la fragmentación continental a partir de las posiciones contrapuestas asumidas por algunos Estados con respecto a EEUU.
Esto último produjo, entre otras circunstancias, que en algunos casos (como el de Venezuela y Colombia) se llegara a hipótesis de conflicto armado; o como en el caso de Brasil y Venezuela, a la modificación en sentido negativo de las dinámicas bilaterales, lo que ha redundado en más fragmentación y desintegración regional.
Sin embargo, también pueden mencionarse elementos capitalizables hacia acciones mancomunadas a nivel regional en torno a la seguridad. Entre estos, cabe destacar las iniciativas de solución pacífica de los conflictos intrarregionales, como las iniciadas por el Presidente de Colombia; el respaldo al Estado de derecho democrático; la defensa de los recursos naturales y el posicionamiento territorial frente a potencias extranjeras; el desarrollo de una industria de defensa como objetivos futuros o las distintas acciones de salvataje en materia de ayuda humanitaria, que tuvieron lugar a propósito de los terremotos ocurridos en Chile y Haití en 2010.
Dado que la seguridad regional es hoy en día una piedra angular del Estado de derecho y de toda posibilidad de desarrollo, existen razones suficientes para pensar que los países de la región harán un esfuerzo por dejar a un lado sus diferencias y enfrentar los desafíos que implica el camino hacia la consolidación de una cooperación de largo plazo en esta materia.