Hace algunas noches estaba acostado y miré mi pie izquierdo: un rejunte de carne, huesos y otros tejidos, cuyo único fin práctico es el de mantener erguido mi cuerpo al caminar. Una vez, creo, lo usé para mantener abierta la puerta de la heladera mientras buscaba comida. Hasta ahí llegó la evolución de mi extremidad más austral. Y después me puse a pensar en el mejor pie izquierdo de la historia. Ese que en un video en blanco y negro aparece impulsando mágicamente una pelota en una canchita de tierra de Buenos Aires. La cámara jamás alcanzó a capturar la caída del balón; debió conformarse con enfocar al tímido protagonista diciendo: "mis sueños son dos... mi primer sueño es jugar en el Mundial; y el segundo es salir campeón".
Fue la primera vez que Diego Maradona le habló al público. Con los años dijo muchísimas cosas más. Algunas ingeniosas ("que Pelé vuelva al museo"). También hubo de las desafortunadas, y así Diego dejó abierto el flanco del hombre que puede equivocarse aunque le digan "dios". Pese a esos yerros, Maradona construyó un discurso de resistencia que hoy muchos menosprecian. "Argentina es digna; echemos a Bush", dijo en 2005, dejando el ALCA enterrado para siempre ante los ojos de toda América Latina.
Nadie lo hubiese escuchado si no fuera por su pie izquierdo, claro. Ese que hizo felices a millones de argentinos. Aunque a muchos les falle la memoria.