Finalmente apareció el dinero con todas las letras y números. Entre $ 50 y $ 600 de acuerdo al "pagador". Mucho o poco según el bolsillo desde el cual se miren estos montos supuestamente desembolsados a cambio de transformar un ausente o un aplazo en un aprobado (primero en el sistema; después, con suerte, en los papeles). Poco si se considera el "bien" o servicio adquirido, mucho si se advierte que los autores de la maniobra también hacían "gauchadas".

Por billetes o por afinidad, empleados de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) cambiaron calificaciones al menos 224 veces entre finales de 2001 y diciembre de 2006, según 13 alumnos arrepentidos cuyos testimonios constan en el informe de marzo de 2009 elaborado por el equipo a cargo del instructor Ricardo Bascary, director de Sumarios de la UNT.

El documento de 134 páginas relata la minuciosa investigación desarrollada en el contexto del sumario administrativo -expediente 77/07- ordenado por Juan Alberto Cerisola, rector de la UNT, a comienzos de 2007 (en paralelo, la Justicia Federal impulsa una investigación penal). Y que, según fuentes universitarias, está en su etapa final (ver "Detalles...").

En los dos primeros años de esa pesquisa -acaso la más compleja que haya llevado adelante la Dirección General de Asuntos Jurídicos de la casa de altos estudios-, un grupo de estudiantes describió la metodología empleada para que una materia no rendida o no aprobada apareciese como aprobada en el sistema informático. "Entre los 13 alumnos suman 46 irregularidades... Salvo en un caso, el usuario -del sistema- que hizo los cambios fue Luis Francisco Agüero (entonces titular de la Dirección Registro Alumnos)", indica el informe dirigido a José Hugo Saab, ex secretario general de la UNT, y actual candidato a legislador por el Acuerdo Cívico y Social.

El relato que cierra la fase secreta de la instrucción del sumario considera acreditado que la maniobra tenía por finalidad el acceso a un título de grado sin rendir exámenes. En el enunciado de dicha conclusión, la instrucción asigna la categoría de "prueba irrefutable" a los testimonios de los alumnos confesos. Define: "no se trata de una declaración aislada ni sobre una sola materia; estamos analizando 41 materias irregularmente aprobadas, ya sea con la metodología que denominamos ?casos concretos? (modificación de notas en el sistema informático) o ?cargas directas? (atribución de un aprobado en el sistema cuando en las actas figura un aplazo o ausente)".

Las palabras de los arrepentidos comprometen, además de a Agüero, a los empleados Mario Soria y Ramón Jiménez (alias "Negrilo") -el sumario comprende, en total y con distinto grado de responsabilidad, a nueve agentes y 108 alumnos de la Facultad-. La investigación afirma que los tres sumariados mencionados actuaron de consuno y en connivencia: Soria y Jiménez captaban "los clientes" mientras el funcionario cometía la irregularidad aprovechándose de los atributos de administración que tenía en el sistema.

"A juicio de esta instrucción, la conducta de Soria y Jiménez no podría haber encontrado exitosamente su reprochable finalidad sin la colaboración y participación del director de Alumnos que, a su vez y por su lado, modificó o grabó las notas en el sistema informático en discordancia con el soporte físico, asunto probado acabadamente", precisa el documento aprobado el 30 de abril de 2010 por la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, órgano dependiente de la Procuración General de la Nación.

Pague dos, lleve tres
"Negrilo" Jiménez ofrecía la siguiente promoción: $ 300 por materia, la tercera sin cargo. Sólo había que inscribirse, "pasar por caja", esperar un tiempo y, abracadabra, aparecían las asignaturas aprobadas, según surge de la confesión del primer arrepentido citado en el informe.

Si aquel testimonio refleja un mecanismo aceitado e, incluso, un negocio reforzado con herramientas de mercadeo, la transcripción de la tercera declaración directamente revela un desparpajo inverosímil. "El examen de Teoría del Derecho y la Justicia fue a la tarde; en ese momento, antes de rendir, se presentó una persona que se identificó con el apellido de Jiménez y les dijo a todos los alumnos presentes en el aula que él era amigo de los profesores y que iba a interceder ante ellos para que la prueba no fuera tan difícil, todo ello con la condición de que le diesen $ 500 a lo que la dicente accedió preguntándole cuáles eran las garantías para aprobar a lo que respondió Jiménez que tenía una amistad de muchos años con los docentes. Recuerda la dicente que fue a su casa, buscó el dinero y le entregó dicha suma a Jiménez en la oficina que este tenía en la ex Quinta Agronómica", expresa el documento. La tarifa ya había sido actualizada a $ 600 cuando la misma alumna quiso aprobar -sin rendir- la materia Derecho Privado.

De la quinta confesión surge que "Negrilo" se jactaba de prestar servicios de mejor calidad que su colega no docente implicado en la maniobra. Un estudiante dijo que el primero le manifestó lo siguiente: "ya sabés, a mí no me conocés. Quedate tranquilo que lo tuyo está bien hecho, que el problema aparece con los cambios que hace Soria, que cobra $ 100 pero cambia el sistema y no las actas".

El sexto deponente insistió en que Jiménez se jactaba de tener amistad íntima con el cuerpo académico de Derecho y que jamás imaginó que el "trato" (mediante el cual aprobó cinco asignaturas) incluía la adulteración de notas en el sistema y en el libro de actas.

El noveno testimonio acredita que Soria cobraba más barato que "Negrilo" (y que salía mal parado del regateo): "la dicente manifiesta que en un principio este le solicitó $ 600 por materia y, como ella le dijo que era imposible llegar a tanto, que Soria le pidió $ 100 por Lógica y $ 50 más por Teoría del Estado". Ninguna suma requirió el no docente en cambio a la décimo primera arrepentida -siempre de acuerdo con el orden previsto en el informe-, que relató que conocía a Soria y que este, al verla llorando porque no había rendido Derecho Civil I, la consoló y le prometió ayudarla. Algunos días después, el cambio registrado en el sistema le devolvió el alma al cuerpo.

La narración más escandalosa queda para el final. El décimo tercer alumno, que no estaba en el listado de estudiantes implicados, se presentó ante los instructores para denunciar una supuesta estafa. Así comentó que había sacado de donde no tenía para pagar $ 400 -en tres cuotas- a Soria con el objeto de aprobar Teoría del Estado. El tiempo pasó y la calificación comprada nunca apareció. Tampoco el empleado que debía cambiar la nota. Aunque a algunos pueda parecer poco dinero, para él era mucho y, por ello, quería que se lo devuelvan.