Hace semanas, en algunas comisarías aparecieron unos carteles bastante llamativos: está prohibido responderles a los ciudadanos que no hay patrullero o agentes. Las directivas son claras: cuando un vecino tiene un problema, sea pequeño o grave, ya no se puede mirar hacia otro lado. Al fin, se comprendió que aquella era la peor forma de prevenir. Pero lo que le ocurrió a Elda Hovannes, en gran parte, fue producto de esa desidia.
En noviembre, los fiscales (durante una tensa polémica sobre la inseguridad con el Ejecutivo) advirtieron que la Policía sólo pide allanamientos en el 1,42% de los delitos con autores desconocidos. En la práctica, nada. Así, las víctimas no hallan motivos para denunciar. El vaso se va llenando; y no con agua, sino con ladrones que se sienten impunes. En barrio Ampliación Kennedy, los vecinos dicen que el recipiente rebasó hace rato. Lo advirtió Hovannes hace más de un mes. Las autoridades recién se dieron cuenta el martes.