Dos empates, dos decepciones. Lo bueno entre tantas desgracias es que Argentina todavía depende de sí misma para clasificarse a los cuartos de final. Es más, pasarán ocho de las 12 naciones participantes. O sea, sería mucho que no se llegue ni a eso, ¿no? Pero por cómo se mueve la Selección, la cosa se encamina hacia un bochorno sideral y no a la foto de tapa por el título conseguido.

Suena feo decirlo, pero el coro nacional tararea el playback de una "banda" desafinada. No pega un acorde y, claro, por eso la culpa la tendrá siempre el mejor del Mundo. No es así, señor. Messi es uno de 11 y solo no puede mostrar la galera, esconder el conejo y después hacerlo aparecer.

La "Pulga" no rinde, Tevez tampoco. Qué decir de Lavezzi, la defensa y el medio. Salvo Mascherano y Romero, de la frontera hacia atrás no zafa uno del naufragio. Ayer, con Radamel Falcao en soledad en la ofensiva visitante, Colombia se hizo una fiesta. Y todo gracias a la visión de campo del "Tigre" para juntar marcas y liberar al resto de sus compañeros.

Es una suerte que Argentina no haya perdido. Es un milagro, inesperado por "Bolillo" Gómez, porque Ramos entró silbando bajito, se desparramó en el suelo y desperdició bajo el arco de "Chiquito" un gol blooperiano. Después, el gran Dayro Moreno se olvidó de hacer lo que mejor sabe y malogró una conquista ya confitada tras un corte justísimo de Burdisso a Ramos, que había dejado en el camino al gigante Romero. La mayoría de las chances de festejos fueron de color "café". La Selección volvió a hundirse en las sombras. Los de atrás dan menos seguridad que una anciana vestida de patovica en un boliche top. El famoso diamante medio es un carbón seco: Banega ni marca ni ataca; Cambiasso lo mismo. Hubo una clara como el agua celeste y blanca. Fue en el ?PT?. Messi le puso el pase perfecto a "Pocho" y este lo estrelló en Martínez. Después, el tiempo se transformó en susto y la desesperación hizo un despiole.