Nada cambió en estos últimos dos años. Todo sigue igual. Cada miércoles, marchamos para pedirles a las autoridades que asistan a nuestros hijos, que se mueren a causa de la droga. Sin embargo, Tucumán sigue sin tener un centro de rehabilitación donde los chicos se puedan recuperar.
El tiempo pasa, y en La Costanera cada vez se consume más cocaína y marihuana. Incluso, el número de niños que se droga también aumentó. En mi barrio, por lo menos el 80% de los adolescentes es adicto. La situación es similar en otros sitios de la capital, como Villa 9 de Julio, El Antena o La Aguada.
Los allanamientos que realiza la Policía no resuelven la vulnerable condición social en la que están inmersos nuestros hijos.
Algunas madres ya están resignadas, y sólo esperan a que les avisen que sus chicos han muerto. Además, muchos de esos muchachos delinquen, y eso complica aún más su grave situación.
Por otra parte, muchas de las personas que son procesadas por la venta de droga salen a los cuatro o cinco años, y vuelven a lucrar con la salud de nuestros hijos. Esto provoca que las condiciones en las que vivimos en los barrios no cambien, e incluso empeoren.
La única forma de resolver lo que está pasando es que las autoridades tengan la decisión firme de cambiar las cosas.
Hace dos años, se puso a nuestra disposición un equipo de trabajo para que se ocupe de los adictos que viven en La Costanera. Pero a esos profesionales lo vimos sólo una vez y nunca aparecieron por el barrio. Parece que nuestros hijos sólo son una molestia.
Ninguna autoridad hace algo para recuperar y reinsertar a los adictos a la sociedad. Incluso, hace un tiempo anunciaron un proyecto de microemprendimientos para el barrio. Pero estos no sirvieron de nada.
Para los chicos de la Costanera hay dos destinos: el que no muere como consecuencia de la droga, va a la cárcel. Por eso, desde nuestra organización desmentimos a los funcionarios que dijeron que hicieron cosas para mejorar la situación del barrio en relación a las adicciones.