"Grupo de personas influyentes, organizado para presionar en favor de determinados intereses". Así define el Diccionario de la Real Academia Española de Letras al vocablo lobby, aceptado como voz inglesa. La segunda acepción, la idea de vestíbulo de ambientes amplios y públicos, no está desconectada de la primera: la leyenda dice que el lobbying en los Estados Unidos se inicia como práctica habitual con la presidencia de Ulysses Grant. Cuenta la historia que él mismo utilizaba su vestíbulo (lobby) para beber brandy y fumar un cigarro durante su mandato como presidente de los Estados Unidos, desde 1869 hasta 1877; a menudo, se acercaban allí diversas personas en busca de una pronta gestión de sus intereses privados, corporativos o territoriales.

Sin embargo, el verbo to lobby - traducido al español como cabildear, ha sido usada antes de 1800 en los Estados Unidos, en referencia a la costumbre de buscadores de influencia que se juntaban en grandes vestíbulos afuera de las cámaras legislativas. Esta práctica era ejercida de manera pública y abierta. En la Argentina, el concepto es el mismo que el de "gestor de intereses". En los Estados Unidos, la legislación sobre el tema incluyes entre esos grupos de influencia a los tkink tank, fundaciones o centros de Estudios.

El gestor de intereses Guillermo Molinelli afirmaba: "el lobbying es obtener lo que uno quiere sin pagar coimas, es la alternativa a la corrupción; el medio es persuadir, convencer, presionar, negociar, pero sin coimear".

En el mismo sentido se pronunció Armando Alonso Piñeiro, autor del libro El quinto poder: teoría y práctica del lobbying. "La función del lobbista es obtener resultados específicos favorables a su cliente, utilizando la información como instrumento, no como un fin", ha escrito el experto en esa obra que ya es un clásico en la materia. En los Estados Unidos, la práctica del lobby o cabildeo está legitimada por el Acta de declaración de actividades de cabildeo, de 1995 y por su enmienda de 1998 (Lobbying Disclosure Technical Amendments Act). En el país del norte hay numerosos estudios jurídicos que han hecho un negocio millonario de la práctica de hacer lobby.

En la Argentina, expertos en el tema señalan que los antecedentes podrían remontarse a 1935, no como una práctica institucionalizada, pero sí como hito a partir del asesinato de Enzo Bordabehere, en el intento fallido por frenar a Lisandro de Latorre en sus denuncias e investigaciones contra los frigoríficos ingleses. Sin embargo, entre 1989 y 1999 se presentaron en las cámaras de Diputados y de Senadores numerosos proyectos de Ley de Lobby que no llegaron a buen puerto.

La única normativa cercana al tema es el decreto 1172/03 que lleva la firma del ex presidente Néstor Kirchner, que determina la obligatoriedad de los funcionarios del Poder Ejecutivo Nacional a publicar en internet las reuniones oficiales con algunos días de antelación.

De todos modos, la historia argentina del siglo XX muestra numerosos escándalos políticos por corrupción en los que están involucrados lobbistas; entre ellos, los casos Swifgate e IBM-Banco Nación. Son famosos los casos de James Cheek y de Terence Todman, dos ex embajadores de los Estados Unidos en la Argentina que actuaron como lobbistas de empresas estadounidenses, una vez concluidas sus funciones.

A su vez, hay multinacionales con filiales en la Argentina que incluyen en sus consejos de Dirección a ex ministros de Economía argentinos.