Con la muerte de Ernesto Sábato se clausura más que un ciclo en la literatura argentina. La vida y la obra del autor de “El túnel” rezuman el pulso de un siglo intenso, atravesado por guerras y por una revolución cultural y científica tan profunda que cambió los humores y las costumbres de la sociedad. Sábato, protagonista de ese siglo, no sólo fue el autor de “El túnel”, de “Sobre héroes y tumbas”, de “Abbadón el exterminador”. También fue, en apretadísima síntesis, el científico que se alejó desencantado del territorio de las llamadas “ciencias duras” porque no encontraba allí las respuestas a las preguntas existenciales (que luego encaró en su obra literaria). Fue el intelectual comprometido con su tiempo que no permaneció indiferente a un fenómeno masivo como el peronismo ni a la necesidad de ayudar al esclarecimiento de los crímenes de la última dictadura militar. A las puertas del siglo XXI, un siglo tal vez demasiado “liviano” para este Sábato tan intenso, la pintura se convirtió para el escritor en el próximo puerto. Y Sábato fue, también, un vecino más, pero el más famoso, de la localidad bonaerense de Santos Lugares, donde hoy murió.
Como escribió alguna vez la periodista uruguaya María Esther Giglio, en una entrevista de antología: en Santos Lugares todos saben dónde vive Ernesto Sábato. "Cerca de la vía, tres cuadras a la derecha, una a la izquierda. Ahora, ¿él la espera?”, dice el obrero de Ferrocarriles. “Porque a esta hora a él le gusta caminar hasta Sáenz Peña, hasta la estación anterior. El sabe hacer ese camino casi todos los días.”
Aquellos “Santos Lugares” en los cuales el anarquista, el escéptico, el desencantado de los límites de la razón habrá terminado, a su manera,
reconciliado con ese mundo, con esa vida, que tanto lo habían perturbado, a lo largo de casi un siglo. LA GACETA ©