El Gobierno ató con hilos el fin de la protesta policial a cambio de un aumento salarial, el pase a planta permanente de 1.300 contratados y el compromiso de no hacer persecuciones. El ministro de Seguridad Ciudadana, Mario López Herrera, enfatizó que se trató de un reclamo salarial y no de condiciones laborales. Pero en los dos días de reclamo sacaron la cara los policías nuevos, quienes sí se quejaron del modo en que hacen sus tareas y de cuestiones conflictivas como los servicios adicionales, en los que son carne de cañón.
Quedaron cuestionados el jefe del D2, Fernando Maruf, el del Comando Radioleléctrico, Dante Bustamante y, sobre todo, el jefe, Hugo Sánchez. Los agentes volvieron ayer al trabajo. Anoche, el Poder Ejecutivo hizo movimientos de comisarios: entre otros cambios, Bustamante fue a la Escuela de Policía y lo reemplazó Julio Vargas en el Comando; Luis Mansilla (jefe de zona III Capital) y Omar Ocaranza vuelven a la Motorizada (de donde salieron hace semanas); el jefe de Motorizada, Orlando Ledesma, vuelve a zona III Capital; y Daniel Paz, segundo de la Patrulla Urbana, vuelve a la seccional 1a. A pesar de todo, el Gobierno quedó débil, no sólo porque los altos comisarios tienen minada la autoridad y cualquier chispa puede encender otro conflicto, sino porque esto puede desbaratar las negociaciones salariales con otros sectores laborales del Estado.