R. Albornoz
Como un adolescente
Más que un policía, se mostró como un adolescente que contaba una aventura de la que no quisiera haber participado. Eligió un vestuario acorde con su discurso. No llevaba traje (como sí lo hicieron los otros acusados), sino una ropa más informal. Además, al hablar, tenía la desfachatez típica de los jóvenes.
Subordinado
A diferencia de los otros imputados, evidenció que su comportamiento era el de un subordinado. Era una persona que se limitaba a acatar órdenes de sus superiores. Dejó marcado que estaba en el lugar del crimen por una orden y en contra de su voluntad, mostrando el malhumor adolescente por ir a un lugar al que no quería. Demostró respeto hacia Gómez, subordinación con Domínguez e igualdad con Fabersani.
A diferencia de los otros imputados, evidenció que su comportamiento era el de un subordinado. Era una persona que se limitaba a acatar órdenes de sus superiores. Dejó marcado que estaba en el lugar del crimen por una orden y en contra de su voluntad, mostrando el malhumor adolescente por ir a un lugar al que no quería. Demostró respeto hacia Gómez, subordinación con Domínguez e igualdad con Fabersani.
Discurso espontáneo
Se lo vio muy seguro de lo que decía y muy espontáneo. Pero, con el tono de su relato parecía más un testigo que un protagonista. Tuvo la desfachatez típica de un joven. En ningún momento midió palabras.
En voz baja
Cuando tenía que contar algo sobre la intervención de otros, lo realizaba en tono confidencial. Bajaba la voz como si quisiera que otros no escuchen lo que decía. Un análisis teatral sobre la puesta en escena de los acusados. Por el actor, director y abogado Gustavo Delgado