"Todo va a mejorar. Vamos a ser felices". P., de sólo 12 años, abrazó a su hermana menor y salió a hurtadillas de su casa, ubicada a pocas cuadras del microcentro. Impulsada por el terror y la congoja, caminó casi cinco kilómetros hasta el peligroso barrio 11 de Febrero, situado en Villa 9 de Julio. Allí, al fin, encontró el abrazo salvador de su abuela. "Mi hija está en concubinato con un hombre que, hace un tiempo, salió de la cárcel. Él les pegaba todo el tiempo a mis nietas", dijo la mujer. Por orden de la Justicia, provisoriamente, las niñas permanecen con su abuela.