Las primeras semanas del año suelen señalar lo que viene en los mercados. En la Bolsa de Buenos Aires, en enero, sobresalieron las acciones de dos empresas de la alimentación: Molinos ganó un 34,41%, y la azucarera Ledesma un 28,4%. Estos rendimientos se consiguieron en un mes en que se conoció que China había crecido 10,3% en 2010, y que el crecimiento en Estados Unidos para 2011 se pronosticaba lento.
El índice de las acciones líderes argentinas ganó 1,97% en pesos, pero en dólares se redujo a 1,34% porque la moneda nacional se depreció un 0,63%. En el vecino Brasil, las acciones cayeron 3,94% en reales y 4,38% en dólares.
Brasil y la Argentina reunieron en Buenos Aires a sus presidentas con sus respectivos numerales previos: los brasileños son 201 millones de habitantes con un PBI de U$S 2.194 billones, U$S 10.900 por habitante y por año, a partir de una fuerza laboral de 104 millones de trabajadores. En 2010, exportaron unos U$S 199.700 millones e importaron cerca de U$S 187.700 millones. Además, registran una deuda externa de U$S 310.000 millones. Mientras tanto, los argentinos son 41,3 millones con un PBI de U$S 380.000 millones, U$S 9.190 anuales por habitante, a partir de una fuerza laboral de 16,6 millones de trabajadores. En 2010 exportaron unos U$S 68.010 millones e importaron casi U$S 52.610 millones. La deuda externa alcanza los U$S 129.000 millones.
Ilusiones
La Argentina se entusiasma con la apreciación del real que la vuelve aun competitiva, y pregunta si aún puede devaluar su vecino y amigo, que durante la gestión del presidente Lula sacó de la pobreza a 37-38 millones de brasileños, y aun le queda por sacar de esa condición a otros 15 millones de personas, que deben tener una moneda con capacidad de compra, para no retornar a su anterior situación. Pero, en un contexto de batallas monetarias como el actual, nada es para siempre.