"Para mí, jurar este cargo significa volver a casa", afirmó ayer Guillermo José Acosta, tras asumir como juez de Instrucción de la II Nominación de Concepción. A los 64 años, Acosta no puede olvidar el enero de 1991, cuando fue separado por la intervención federal de Julio César Aráoz de su cargo de camarista penal de la capital, al que había llegado luego de ser juez en Documentos y Locaciones. "Cuando entré a tribunales me acordé de aquel momento, en el que dije en voz alta que algún día iba a regresar", remarcó.
El magistrado mostraba ayer una notoria calma. "Ya pasó la euforia de haber integrado una terna tras haber sido seleccionado por el Consejo Asesor de la Magistratura; de haber sido elegido por el Poder Ejecutivo y de haber sido votado por la Legislatura. Me queda una gran paz interior", afirmó. Los 20 años transcurridos desde que recibió un papel donde se le dieron por terminadas sus funciones en el Poder Judicial, han producido fuertes cambios institucionales y sociales.
"En el Código Procesal Penal, se reformuló sustancialmente todo el sistema. Antes se aplicaba el inquisitivo, con un magistrado encargado de llevar adelante la investigación y de decidir todo lo referido al caso como juez y parte, hasta en las impugnaciones que se le presentaban contra su propia labor; y ahora está el sistema acusatorio, en el cual se respetan mucho más las garantías constitucionales individuales, porque la pesquisa está a cargo de un fiscal y el juez se limita a resolver. La diferencia es notable", señaló.
En estas dos décadas, también hubo modificaciones en el comportamiento social. "Hoy hay más violencia y más demandas de la sociedad, aparte del surgimiento de nuevos tipos de delitos, que son propios del avance tecnológico, como los informáticos", sostuvo.