BRASILIA.- Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, impulsa una nueva política exterior que se diferencia en algunos aspecto de la que desarrolló su antecesor en el cargo, Luiz Inacio Lula Da Silva. La mandataria apuntalará la atención a los casos y a la defensa de los derechos humanos; en particular, la situación de los países con regímenes totalitarios.

Para ello, el canciller, Antonio Patriota, ordenó a las principales embajadas de su país y a la misión de Brasil en la Organización de Naciones Unidas (ONU) que realicen una revisión completa de la relación bilateral con Irán, en la que se detallen los puntos a ser modificados, y una reevaluación de la relación con Estados Unidos.

Un antecedente claro es la reprobación de Rousseff a la abstención de Brasil en la Asamblea General de la ONU cuando se votó una condena a Irán por una serie de violaciones a los derechos humanos.

La presidenta afirmó que su gobierno no haría ningún tipo de concesión en relación a los derechos humanos.

En cuanto a la fabricación de armas nucleares, Brasil sostiene de que los países emergentes tienen el derecho a desarrollar programas de este tipo, y verá la opción de buscar el camino del diálogo con Irán, para evitar la elaboración de este tipo de armas, con potencial de destrucción masiva.

En relación con Estados Unidos, la nueva política externa intentará revertir la imagen de que hay en Brasil acerca de un cierto sentimiento antinorteamericano, divulgado por Wikileaks. También se intentará reavivar las relaciones bilaterales con el gobierno de Barack Obama, que visitará Brasil en marzo próximo. (DPA)