Como en toda gran ciudad, en Concepción, hay tantos reclamos como habitantes. Pero hay uno que resuena en las calles: según advierten los vecinos que dialogaron con LA GACETA, "La Perla", en el corazón del sur tucumano, a 70 kilómetros de la capital, necesita algunos arreglos para volver a brillar.
Si bien resaltan el progreso de la urbe, caracterizada por su intensa actividad económica, académica, cultural y deportiva, cuestionan el descuido en aspectos claves para una ciudad como el estado de las calles céntricas, el abandono del único parque y la falta de una terminal de ómnibus.
Las calles del Rally
Sólo los pilotos concepcionenses Roberto Sánchez y Nasif Estéfano podrían transitar sin inconvenientes con sus autos por las calles céntricas de Concepción. Aunque parezcan de un circuito de rally o Turismo Carretera, las imágenes que ilustran esta nota muestran el estado de las calles de esa ciudad.
En una casa de repuestos para autos sobre la calle Roca, tres hombres comparten la merienda. Según confiesan, dedican varias horas de conversación entre tostadas y café humeante al estado de las arterias. "Es un desastre. Los autos se rompen muchísimo; las suspensiones, las ruedas. A veces, hasta se abollan las llantas. Las aguas servidas en las esquinas son permanentes y también desgastan el asfalto: es un tema del que nos quejamos todos los días", asevera molesto Pedro Maidana (51) .
"Cuando pasa el colectivo se mueve el piso", añade su compañero de mesa Joaquín Pérez (33). "Una de las principales calles, la Italia, desde la Colón hasta la Belgrano, (que son como cuatro arterias) están intransitables. El pavimento está agrietado, completamente desgastado", completa.
Un vecino, en la esquina de Italia y Roca, se entristece al hablar de las calles. "Muchas están rotas, creería que Moreno y Colón es la peor intersección de todas. No me acuerdo la última vez que las arreglaron y parecería que la Municipalidad no le da importancia a estas cosas. No entiendo. Ellos mismos circulan por acá y lo ven así todos los días, ¿por qué no hacen nada?", se pregunta Luis (27), quien prefiere no dar su apellido.
Ángel José Gramajo, un jubilado que dice disfrutar de su ciudad, está sentado en una vereda céntrica y asegura con autoridad: "hay baches que dan miedo, les tiran alquitrán y ripio y piensan que así queda listo, a los dos meses el cráter es peor. A esto se agregan los chicos que andan en motocicletas sin casco, con los escapes sin silenciador y a toda velocidad. Por otro lado, a esos riesgos se suma la escasez de semáforos. Es peligrosísimo circular", advierte enojado.
Gonzalo (24), un joven remisero que pide reservar su apellido, se suma a la conversación: "las calles están realmente horribles. Cuando quieren arreglar algo, siempre echan alquitrán; después de dos meses está todo peor". Considera que las calles Italia, Colón, 24 de Septiembre y Moreno "no dan más". Y agrega: "están todas así. La que está un poco mejor es la San Martín, pero porque es la principal de la ciudad", sostuvo.
En una esquina dos amigos interrumpen su conversación para hablar con este diario. "Habría que levantar todo el pavimento desde la feria, en la calle Heredia, para repavimentar toda la Italia. No se puede reparar por encima porque se rompería otra vez, como hasta ahora. El problema es que, al no haber terminal, los colectivos la destruyen. En Concepción hay mucho dinero pero no hay inversión", explica José Manuel Racedo (65) . Su compañero de charla, Juan Carlos Enrico (44) se queja del asfalto pero también de las motos: "son insoportables. Nadie controla nada: andan sin casco, sin silenciador en los escapes y circulan a alta velocidad".
Entre malezas y basura
El cartel de entrada roto anuncia que lo que se encuentra adentro no se encuentra en mejores condiciones. El parque "De la Joven Argentina" comprende una hermosa arboleda a orillas del río Gastona, que cuenta con un circuito de motocross y seis canchas de fútbol. Sin embargo, es difícil llegar a recorrerlo dado que las malezas tienen al menos medio metro de altura y las instalaciones (pistas de salud, bancos y caminos) están destruidas. Pese a ello, una decena de vecinos se aventura a transitarlo para hacer ejercicio porque, según sostienen, es el único parque en la zona.
José Salcedo (58) y María Luisa Bravo (48) están sentados en uno de los pocos bancos que queda en pie. Asisten cuatro veces por semana a trotar y asumieron el cuidado de parte del predio. "Yo abrí ese camino de 600 metros con una pala, sino, no se podría caminar. Cuando tiran animales muertos, los enterramos y recogemos un poco la basura. Hacemos lo que podemos", cuenta José, un ex futbolista que es empleado público. Su esposa destaca la belleza del espacio verde y revela que los altísimos eucaliptos fueron traídos desde Suiza, cuando el lugar fue planeado como una defensa ante eventuales crecidas. "Todos amamos este parque y es uno de nuestros pulmones. La gente se da maña como sea, muchos prefieren ir a la plaza Haimes, porque ahí no hay tantos mosquitos", afirma.
José remarca que "nunca se cuidó" el parque: "hace un par de años, durante el gobierno de Octavio Muedra (1999-2003) se hicieron las pistas de salud y había agua y luz en los caminos. Después, eso no se mantuvo y se perdió. Ahora está abandonado", lamenta.
Mientras elonga, Lucas Daniel Gagino (30) cuenta que durante la noche se reúnen allí jóvenes que rompen las instalaciones: "siempre está descuidado. Hay postes, pero no tienen focos, se robaron todo. El recorrido está a oscuras, antes estaba iluminado y con postes pequeños que marcaban el recorrido".
Sergio Fernández (38) se detiene a descansar y destaca lo agradable que es correr bajo la sombra de los añejos árboles: "si estuviese más limpio, vendría más gente. Deberían darle la importancia que tiene, al igual que a toda la ciudad ", cierra el albañil.
Rodolfo Juárez (40), un profesor de Educación Física, cree que el estado del parque es un reflejo de la sociedad concepcionense: "está en decadencia, muy mal. Los dirigentes que no actúan salen de estas calles, de las mismas que salen los vecinos que rompen todo. Hace falta una reeducación sobre el espacio público", concluye.