La llovizna matinal moja las calles del barrio La Costanera. El silencio intimida. A lo lejos, un ladrido de perro. "Los chicos saben dónde está la acción...chicos y chicas quieren rock". La afónica voz de un cantante caído en desgracia invade los rincones de una habitación oscura. Sebastián Soberón, de 18 años, acaba de encender la radio. Su verborrágico monólogo congela el momento.

"Hoy sé que soy un adicto recuperado. Cuando me drogaba con pasta base o marihuana era una persona violenta y salía a robar, con un cuchillo o con una pistola. Si tenía que apuñalar o tirar del gatillo, tiraba porque tenía que comer. Ahora soy padre de dos hijos, trabajo en una cooperativa y vivo en mi pequeña casita. Este lugar me salvó la vida", asevera. ?Este lugar? es la Fundación Alborada, uno de los centros de contención y recreación para jóvenes en los que se pone en práctica el proyecto VIDA.

El Ministerio de Desarrollo Social Provincial, junto con la Dirección de Capacitación y Organización Comunitaria y la ONG Redes, impulsaron esta idea en 2009. Actualmente, el proyecto funciona en diferentes barrios marginados de la capital y el interior. "Ofrecemos talleres de plástica, murga y deportes. Los chicos son los que eligen las actividades. Nuestro propósito es contener a los jóvenes que no tienen padres o que son adictos y brindarles un espacio de recreación para que generen sus propios proyectos de vida", señala Carolina Gutiérrez, coordinadora del proyecto.

"Vivir con Cristo siempre". La frase está escrita con tiza en el pizarrón de la habitación en la que treinta adolescentes participan de múltiples tareas. "Cuando llegué, organicé un fútbol y muchos de los chicos que jugaron estaban drogados. Se agarraron a piñas entre ellos y suspendí el partido. Desde entonces les propuse que había que entrar sano y salir sano. Así se generó un vínculo que hasta hoy se respeta", explica Adrián Cinello, profesor de gimnasia. En el centro comunitario funciona un mini gym y se dan clases de aerobics. "Quiero cambiar a estos ?pibes?. Es muy reconfortante ver que algunos han vuelto a la escuela", añade.

Adiós "paco"

El profe no termina de hablar y ya le han robado la palabra. Todos quieren dar testimonio de lo bien que les ha hecho colaborar en ese oasis que tiene La Costanera. "Te soy sincero, al principio vine a trabajar, vi sedientos en un desierto y me reconocí capaz de brindarles agua", ejemplifica Wilfredo Acuña Pérez, profesor de plástica, mientras los alumnos hacen títeres, dibujan pinturas, confeccionan remeras y filman cortometrajes en stop motion.

La mañana avanza entre risas y bromas. La lluvia, visible a través de la ventana, no intimida al muchacho que dialoga inescrupuloso con LA GACETA. "Me la pasaba fumando ?paco? en la esquina, con los ?changos?. Luego murió mi mamá y me metí aún más. Mi papá me comentó de este lugar y decidí venir, esto si que vale la pena", cuenta Juan, de 16 años. Julio, de 17 años, le estrecha una sonrisa cómplice y lo interrumpe. "Yo me drogaba y mi mamá sufría un montón. Ella veía que me perdía en el peor de los caminos. Por suerte abandoné esa vida", explica orgulloso.

Para este cálido grupo de amigos La Costanera no es "tierra de nadie". "No somos el barrio de la droga cómo la mayoría piensa, no todos son ?chorros?. Acá hay gente decente", dice Mauro Acosta. Ninguno teme vivir allí; ya se acostumbraron, pero proponen ciertas soluciones. "Acá falta seguridad, cloacas, calles pavimentadas y una cancha de fútbol", dice Gisella Villagrán, de 18 años.

Sin embargo, el problema de las adicciones en La Costanera sigue vigente. "Nosotros tratamos de localizar a los adictos e invitarlos a que se sumen. La mayoría no quiere. Los procesos sociales no se ven a corto plazo. Este lugar es poco para ellos y necesitamos otra mano", admite Acuña Pérez.

Ya es hora de almorzar, la llovizna se va con el viento. ?Sebas? Soberón apaga la radio y sonríe. "Le dije a mi hermano que se incorpore; él se droga. No quiso. Y pensar que estuve en la peor y logré salir con la ayuda de los profes. Ahora le saco la lengua a la muerte", remata esperanzado.

Igualdad e inclusión social
"Uno se identifica con los chicos y la relación se fortalece con el día a día. Una clase que faltás y ya pierden confianza. Podés recibirte de docente pero para este tipo de trabajo necesitás algo más. Ellos buscan un referente permanente", manifestó Sofía Santillán, directora de Articulación Territorial Provincial. "Les ofrecemos igualdad e inclusión social", concluyó.