La llamada "paz social" es un concepto que cobra mayor valor a medida que se acorta el plazo hacia una nueva elección. El Gobierno lo sabe; como sabe también que, si bien esta puede romperse por varios motivos, acaso el principal esté asociada con reclamos gremiales. En otras palabras, mientras más se controle el movimiento obrero organizado, más duradera será la paz social.
El gobernador, José Alperovich, lo comprendió enseguida; por eso al poco tiempo de haber comenzado su primera gestión, nombró al frente de la Secretaría de Trabajo a Roberto Jiménez, que desde 1991 venía conduciendo UTA, uno de los gremios más fuertes en Tucumán. Y por eso, ni bien se dieron las circunstancias, bendijo la llegada de Ricardo Cáceres (aliado de Jiménez, secretario gremial de UTA) a la conducción de la CGT-Laprida.
Por todo esto, la elección de renovación de autoridades del gremio de los choferes de ómnibus no es menor. Por primera vez en más de 20 años, dos listas pugnan por dirigir ese sindicato. Si resulta vencedora la "Celeste y Blanca", nada cambiará: Jiménez y Cáceres habrán pasado el sofocón de enfrentar una elección, pero seguirán en la dirección del gremio. Ahora bien, ¿qué pasa si pierden frente a la "Agrupación 25 de Julio", que lidera César González?
La pregunta no tiene que ver tanto con UTA, donde la cosa es simple: el ganador se queda, el perdedor se va. La cuestión tiene que ver con la CGT-Laprida y, sobre todo, con la Secretaría de Trabajo. Si Jiménez resulta perdidoso en UTA, ¿seguirá controlando esa cartera, clave para ayudar a garantizar la paz social?; ¿seguirá Cáceres conduciendo el movimiento obrero organizado, cuando sus propios compañeros se habrán "organizado" en su contra? El tema es material de análisis; en Laprida 376, por supuesto; pero, sobre todo, en 25 de Mayo 90.