WASHINGTON.- El ambiente previo a los comicios legislativos que afrontará Estados Unidos el martes dista del de entusiasmo y esperanza con el que se vivieron las elecciones en 2008. Aunque apenas han pasado dos años del proceso que llevó a la presidencia al primer afroamericano bajo la promesa de "cambio" y "esperanza", el panorama es diferente para los demócratas.
Las elecciones son consideradas clave, porque que está en juego la mayoría demócrata en las dos cámaras. Se renovará toda la Cámara de Representantes -435 escaños- y un tercio del Senado (37 de los cien asientos), además de decidir a los nuevos gobernadores de 37 estados.
Hasta el momento, y gracias a la conformación favorable de las cámaras, el presidente Barack Obama pudo avanzar con su ambiciosa agenda frente a los republicanos al que Obama se ha referido en numerosas ocasiones como los "naysayers", es decir, los que dicen no a todo, por su férrea oposición a cualquier iniciativa propuesta por la Casa Blanca.
Panorama desfavorable
Los comicios constituyen también el mejor barómetro para evaluar el rumbo marcado por Obama. Mas el panorama no resulta alentador para los demócratas, algo de lo que ellos mismos son conscientes.
Frustración, enfado e indignación son los términos que mejor definen el ambiente preelectoral en Norteamérica. Esto también se refleja en el desencanto del propio presidente Obama, quien en numerosas entrevistas ha dicho que está "frustrado" por la imposibilidad de avanzar en programas clave de su agenda por la constante oposición republicana.
El perder la mayoría en el Capitolio -y las encuestas coinciden en que lo más seguro es que suceda- no será el fin para Obama. Presides como Bill Clinton o Ronald Reagan se vieron obligados a gobernar con una minoría en el Parlamento. Pero en lo que sí están de acuerdo casi todos los analistas es que, en caso de sufrir una derrota, Obama tendrá que recortar drásticamente la ambición que ha marcado su política hasta ahora. (DPA)