Fueron tan sólo 180 segundos, pero bastaron para prolongar el statu quo, para reconfigurar las cargas dentro del cuerpo deliberativo y para que lo ocurrido tenga repercusiones en el escenario político provincial, a causa de la sorpresiva confluencia de fuerzas que, en principio, son políticamente antagónicas.
El escenario del breve pero trascendente acontecimiento político fue el Concejo Deliberante de Trancas, que como Municipalidad de tercera categoría sólo cuenta con seis concejales. El martes pasado fue citada para las 9 una sesión especial, cuya convocatoria fue prácticamente hermética, de modo que se realizó sin público. Era, de hecho, una deliberación extraordinaria por cuanto el día de tablas es el jueves. El motivo: renovar las autoridades. A las 9.03 todo había concluido con la reelección de los miembros de la mesa de conducción: Claudia Jaldo (hermana del ministro del Interior y ex intendente de esa ciudad, Osvaldo Jaldo) seguirá en la presidencia hasta 2011, secundada nuevamente por Hugo Pachao como vicepresidente primero y por Roberto Pascual, como vicepresidente segundo.
Advertencia
Hasta allí, la cuestión no debería ser llamativa salvo por el hecho de que, lejos de la unanimidad, el Concejo estaba partido al medio respecto de esa elección. O al menos eso era lo que creían quienes no apoyaron la reelección. En principio, como era de preverse, la presidenta y los dos vice iban a votarse a sí mismos para repetir otro mandato, pero enfrente tuvieron a la ex intendenta de Trancas, Silvia Maturana, que los votó en contra; y a Ernesto Poliche, que tampoco los apoyó porque se abstuvo de votar a la mesa de conducción.
El sexto voto le corresponde al edil de la oposición, el radical Raúl Romano. Pero inesperadamente, el opositor sufragó en favor de los tres oficialistas que retuvieron el manejo del Concejo Deliberante. Es decir, con el apoyo del referente de la UCR, el alperovichismo ratificó su hegemonía en el municipio del norte tucumano (está dentro de la sección electoral Este). Y esta vez, sin necesidad de consensos, según lo atestigua el concejal Poliche. "Me abstuve porque en ningún momento me pidieron que acompañé a la mesa de conducción ni ninguna decisión por el estilo. Hasta ahora, siempre se había consultado el armado de la mesa de autoridades, pero esta las cosas llegaron al colmo de la soberbia: como consiguieron cuatro votos, ya no hubo consultas ni diálogo. Tomaron la decisión de que, como tenían los votos, se iba reiterar el armado. Nada más", renegó.
"Lo que había para rescatar de este Concejo Deliberante es que se venía trabajando con una unidad de criterio. Lamentablemente, ahora hay una fractura. Porque, en adelante, van a tener dos votos en contra en las sesiones", anticipó.