La máquina del tiempo se tildó, y durante 165 minutos nadie fue capaz de resetearla. Se paró justo al medio de los 80, cuando Miguel Mateos y su banda Zas caracterizaron como pocos las sensaciones que generaba el retorno de la democracia -ocurrido dos años antes-, y con ella las movilizaciones individuales y colectivas que buscaron por distintas vías apoderarse de la libertad naciente.
"Rockas vivas", más allá de los prejuicios y pruritos del mundillo rockero de entonces y de ahora, fue un disco clave en la historia argentina. Fue también la cima del compositor, y hay motivos de sobra para festejar los 25 años de su edición. Así lo entendieron los tucumanos que saltaron y bailaron en los pasillos del Teatro San Martín el viernes a la noche. Lo hicieron al compás de las 24 canciones que Mateos, acompañado por distintas formaciones, entregó entre recuerdos verbalizados y proyectados en videos.
El encuentro comenzó con una introducción incidental y la proyección de imágenes de rocas deambulando por el universo hasta formar un planeta que vertiginosamente quedó bajo rocas (des)acomodadas por la humanidad. Así llegó "Sólo una noche más".
Con sus compañeros de ruta desde hace unos años tocó "Peleando por tu amor" del maxisimple "Mensajes en la radio" (1986), y "Perdiendo el control", del disco festejado.
La banda, en la que se destacan los guitarristas Roly Ureta y Gabriel Pozzo, se retiró para darle paso a un video del show de presentación del álbum en el Luna Park, en agosto del 85. Flacos y jóvenes, con Mateos volando sobre el público colgado de arneses, cantaba "Va por vos". Y eso tocó nuevamente junto a sus viejos compañeros de Zas: Chino Sanz (viola), Raúl Chevallier (bajo), Alejandro Mateos (su hermano y baterista de todas las etapas), Julio Lala (teclados) y Ricardo Pegnotti (guitarra).
"Vamos a vivir un momento repugnantemente ochentoso... pero lo vamos a disfrutar, porque estoy seguro de que antes nos divertíamos mucho más", anunció.
Primero sonaron las "huerfanitas", esas canciones preparadas para ese disco que finalmente no entraron, como "Dulce Ana", "Cara de bulldog", para darle paso a los hits que siguen repicando en la memoria colectiva: "Tengo que parar" (proto ska), "Mundo feliz", "Un poco de satisfacción" y siguen las firmas. Apoyada por un buen sonido, la banda se lució y en algunos tramos se dio con el gusto de modernizar el sonido netamente ochentero que de todos modos sobrevoló las butacas. Hasta que animó al público a exceder los aplausos y vítores para pararse, bailar y saltar.
Eso empezó a cristalizarse con "En la cocina, huevos", mientras la platea femenina le expresaba a viva voz su amor.
Fueron en total 24 las canciones que tocó Mateos. Porque además de las nueve de "Rockas vivas" y sus "huerfanitas", hizo algunas de las más conocidas de su etapa como solista, como "Beso francés", "Atado a un sentimiento" y "Si tuviéramos alas".
El final del festejo de cumpleaños llegó con los cuatro guitarristas y los dos tecladistas en escena, junto al bajista y a su hermano, con "Obsesión" y, por supuesto, "Tirá para arriba".
La máquina del tiempo volvió a funcionar cuando la llovizna golpeó la cara de los asistentes, que cayeron finalmente en la cuenta de que habían pasado ya 25 años, aunque las rockas siguen vivas.
Tiraron el San Martín para arriba
"Vamos a pasar un momento repugnantemente ochentoso", definió Miguel Mateos. Durante dos horas y 45 minutos los tucumanos festejaron con él los 25 años del disco "Rockas vivas". Un show repleto de sensaciones y recuerdos.
LA GACETA / HECTOR PERALTA