"Nos podrán dar el Premio Nobel de la Paz el mes que viene, pero nuestra mayor alegría la sentimos con cada nieto que recuperamos", aseveró ayer la titular de Abuelas de Plaza de Mayo de La Plata, Jorgelina Azarri, quien participó del homenaje que les brindó la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia.

La dirigente reconoció la expectativa generada por la posibilidad de ser premiada internacionalmente, agradeció el descubrimiento de una placa con el nombre de la agrupación que integra y destacó el valor simbólico de este acto.

"Sentimos el apoyo y el acompañamiento incondicional de funcionarios y de personas de todo el mundo, lo que nos alegra mucho. Un premio es un mimo y un reconocimiento halagador por nuestra tarea, pero nada se compara con el regalo de poder revelarle a alguien su propia identidad, que conozcan la historia de sus padres y de sus familias", añadió.

La referente social aseveró: "nunca nos dimos cuenta de lo que estábamos haciendo porque nos llevaron a nuestros hijos, lo más importante de nuestra vida, y simplemente salimos a buscarlos; nos encontramos con la peor noticia, la de su muerte, pero estaban sus propios hijos y por ellos fuimos".

Azarri recordó que ya encontraron el nieto desaparecido 102 de alrededor de 500 casos registrados. Es el hijo de María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein, quien admitió encontrarse con su familia de sangre. Lamentó la morosidad de la Justicia, a la que calificó de sumamente lenta, y pidió mayor actividad.

"Sé lo que es recuperar un nieto en carne propia, porque es lo que me pasó hace dos años. Es lo mejor que me pasó en la vida y me rejuveneció 30 años. Vamos cerrando etapas a medida en que encontramos uno más. Pero cada vez somos menos abuelas, y vamos a dejar la posta a las otras generaciones cuando no estemos más acá; hasta entonces, seguiremos pidiendo cosas para todos los jóvenes en un país que cambió y debe seguir haciéndolo, con más trabajo, educación y vivienda, que son dignidad", concluyó.